Hablan dos terapistas: “No queremos tener que tomar la decisión de a quién ventilar y a quién no”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Todos los días, las terapias intensivas viven situaciones de estrés, angustia y desborde laboral-emocional por el enorme caudal de pacientes que, en apenas dos semanas, colmó las camas disponibles del AMBA. Los registros del gobierno porteño señalan que sólo quedan 74 camas disponibles en el sistema público, mientras que, según el último relevamiento de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), el 95% de las UTI -tanto públicas como privadas- en CABA están ocupadas y entre el 70 y 75% son pacientes con Covid-19, la mayoría de ellos (80%) conectados a un respirador.

“Tenemos miedo al colapso. Sobre todo, no queremos tener que tomar la decisión de a quién ventilar y a quién no. Esperemos que no pase”, dice a Diario Z Carina Balasini, médica terapista del Hospital Pirovano e integrante de la SATI. Balasini habla de jornadas extenuantes, guardias de 24 horas en las que no hay descanso, en las que atienden un paciente tras otro producto de una demanda incesante, médicos que luego no pueden dormir y que deben ser medicados. “Estamos muy cansados. Nos dieron pocos días de vacaciones, después de un año de cansancio eterno. Uno se ve reflejado en el paciente, podemos ser nosotros o nuestros hijos. Es muy angustiante”, advierte.

“Esto no se va a poder seguir sosteniendo con este nivel de demanda. Lo que se teme es llegar a un punto de saturación”, apunta Leandro Tumino, intensivista que reparte su tiempo entre el hospital San Martín de La Plata y la Clínica San Camilo, de la Ciudad. “Tenemos un incremento constante de casos, un requerimiento incesante de ingresos a terapias intensivas. ¿Qué va a pasar cuando no podamos dar respuesta a todos o cuando no alcancen los recursos? Por ahora, estamos dando respuesta, pero esto trasciende lo público y lo privado, se está viviendo lo mismo en ambos lados. Si colapsa, colapsan todos”, dice.

La segunda ola de Covid-19 llegó a una velocidad desconocida para el personal hospitalario. Y también con nuevas características. Si en la primera ola la mayoría de los pacientes que llegaban a las terapias intensivas eran adultos mayores con patologías previas, ahora la media de los pacientes es de 53 años, muchos de ellos sin factores de riesgo, pero con neumonías graves.

“El 50 por ciento hay que pronarlos, es decir, hay que ponerlos a respirar boca abajo”, cuenta Balasini. Y agrega: “El deterioro es tan importante que si los dejamos respirando boca arriba, se mueren. Esto requiere mucho trabajo, es muy delicado el movimiento para pronar, hay que hacerlo entre cinco personas. Algunos pacientes muy obesos, necesitamos hasta 10 personas para darlos vuelta, y nos lleva más de una hora cada uno”.

A pesar del incremento en la cantidad de camas, el mejoramiento de los equipos y de contar con la experiencia adquirida durante el 2020, el personal de salud atraviesa momentos críticos. En el relevamiento realizado por la SATI, cuando se preguntó sobre el nivel de agotamiento del equipo de salud (siendo 0 no agotado y 10 totalmente agotado), las respuestas fueron las siguientes: médicos: 7.9, enfermeros 7,4, y kinesiólogos 7.3. “Uno sigue y sigue, no hay mucho tiempo para pensar, pero hemos tenido enfermeros internados, compañeros fallecidos, cuando cae un personal de salud es muy fuerte. Hay mucho trabajo y no siempre es reconocido. Al principio de la pandemia, la gente aplaudía durante la noche, cuando ni siquiera teníamos pacientes con Covid. Ahora, tal vez, necesitamos esos aplausos que ya no están”, lamenta Balasini.

En medio de esta catástrofe sanitaria, los terapistas piden un mejoramiento de las condiciones de contratación. Algunos están cobrando 350 pesos la hora de guardia, todos deben trabajar en dos o más lugares a la vez para lograr un sueldo digno.

“A eso se le suma que no tenemos con quién dejar a los chicos si no hay escuela. Los médicos no tienen permiso para no ir a su lugar de trabajo”, relata Balasini. “El ánimo está bastante caldeado, hay angustia, miedo, ansiedad de no saber cómo va a evolucionar esto. El año pasado, el pico lo pasamos sin mayores problemas. Esto, hoy no es así”, añade Tumino.