Szuchmacher: “Hay una intención de quitar el Premio Municipal, la decisión de empobrecernos siempre está dando vueltas”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario D

Rubén Szuchmacher, actor, director y dramaturgo de amplia trayectoria, es uno de los más de 400 escritores que a mediados de abril firmaron una carta dirigida al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Exigían la reactivación de los Premios Municipales, un galardón que tiene más de un siglo de historia y que ha aportado al sustento de muchos artistas que hicieron su aporte a la construcción cultural porteña. Ocho años pasaron desde que esta premiación entró en una parálisis, ya que desde 2012 el Ministerio de Cultura no conforma los jurados que deberían definir los premios en las categorías Dramaturgia, Poesía, Ensayo, Cuento y Novela y los especiales Eduardo Mallea y Ricardo Rojas. La gota que rebasó el vaso fue el 2020: el año de la pandemia, con la actividad totalmente frenada, ni siquiera fueron convocados los escritores para que presentaran sus obras.

El premio consiste en una suma pequeña pero contiene un valorado subsidio vitalicio de 42.251 pesos, que se cobra después de los 50 años y funciona de hecho como una jubilación a los escritores. “Es un premio de larga tradición y que en términos simbólicos es importante. El premio nacional contempla sólo a autores, en cambio el premio municipal es el único premio que hace a la actividad escénica, que no sea sólo dramatúrgica. Si bien es parcial, porque no premia a otros rubros de la actividad (como escenografía y vestuario, por ejemplo), contempla a actividades que quedan fuera de otros premios”, le dice Szuchmacher a Diario Z.

Para Szuchmacher, la parálisis de las premiaciones es una “medida artera” del gobierno de la Ciudad. “Aprovechan que estamos en una pandemia para suspenderlos. La última convocatoria es de 2019. La gestión del ministro Avogadro es poco propensa a valorar el aporte artístico”, considera.

¿Cree que hay una cuestión presupuestaria de fondo?

No, no hay una dimensión presupuestaria. No son montos altos. Si el actor muere, el o la cónyuge puede seguir cobrando la mitad. No es una cantidad muy grande de personas, cuando fallecen ambos, se deja de cobrar. Pero esto no es nuevo. Durante la gestión de Telerman se intentaron discontinuar, al final se negoció que se empezaría a cobrar a partir de los 50 años. El premio fue sufriendo modificaciones. Siempre hay una intención de quitarlos.

¿Cómo debe entenderse este desconocimiento de hecho del Premio Municipal?

Quitar los premios es quitarles reconocimiento a los artistas de la ciudad. Es sacarles una fuente económica que, para algunos, es casi trascendental. Hay artistas que viven de eso. La decisión de empobrecernos siempre está dando vueltas. Yo no vivo del premio, pero para mí es una ayuda y espero que me sirva en un futuro, cuando no pueda trabajar. Y se da en función del trabajo, de la trayectoria, de haber aportado al bagaje cultural de una ciudad. El premio es eso. La ciudad premia a sus artistas, de alguna manera se trata de devolverles lo que hicieron por la ciudad. Esto se olvida fácilmente. De alguna manera, la ciudad tiene una deuda con quienes la habitamos, con quienes vivimos acá y que aportamos desde nuestro trabajo para que la ciudad sea mejor desde el punto vista cultural y artístico. Esto es una alerta, no hay Covid que valga, siguen gastando plata para hacer encuestas para su propio beneficio. Plata hay, lo que no hay es excusas.

¿Esto lo enmarca en un proceso de deterioro más generalizado?

Sí, creo que vivimos un proceso de deterioro cultural en general y artístico en particular. Esta ciudad dejó de ser lo que era, gracias a las políticas culturales del macrismo. Buenos Aires era una ciudad brillante, luminosa en un sentido amplio del término. Hoy es una ciudad chata, obviamente dejando de lado los tiempos del Covid. Las políticas aplicadas son parte de la herencia de la época de Jorge Telerman, una especie de populismo-ciudadanismo que va por encima del trabajo de los artistas, con lo cual opuso dos cosas que no deberían estar opuestas. Se privilegia al “ciudadano” por encima de la capacitación artística. Así, las escuelas de arte se han ido deteriorando, los teatros oficiales funcionan con presupuestos cada vez peores… yo hice Hamlet en el 2019 en el Teatro San Martín y puedo asegurar que fue el trabajo más grande por el que menos cobré. No hubo modo de cambiar eso, ese es el maltrato. Hay actores que formaban parte de la compañía y están cobrando salarios por debajo de la línea de la pobreza. El trabajo del actor debe ser bien rentado porque es un trabajo discontinuo. Eso habla del deterioro constante, de los ataques que sufrimos mientras se gasta plata en tonterías.

¿Esa falta de presupuesto repercute en lo artístico?

Obviamente. Cada vez hay menos producción, cada vez hay menos teatro. El famoso “esto no se puede”, está a la orden del día. En el Teatro San Martín, el escenario giratorio hace mucho que funciona, ¿por qué no lo arreglan? Nadie sabe. Es un problema. Fue lo primero que pregunté cuando entré al teatro para hacer Hamlet. “No se puede arreglar”. Ok, lo resolvemos de otra manera. Pero lo cierto es que un teatro de esas características no debería tener su maquinaria fuera de servicio.

¿Hay un proceso de vaciamiento?

Exactamente.

¿Cuál es el objetivo?

Es evidente. El objetivo de máxima es que el sector privado ocupe todos los espacios. El problema es que el sector privado también sufre muchísimo la falta de movimiento. Ellos no son los malos de la película. Cuando el ministro se saca fotos en el Teatro Nacional para mostrar cómo van a funcionar los protocolos en un teatro comercial, está claramente apoyando un tipo de gestión. Hay tres patas en la actividad teatral: lo comercial, el circuito oficial y el circuito independiente. Han privilegiado claramente al sector comercial. Ese es el paradigma. Ellos no saben gestionar lo oficial porque creen que la gestión es negocio. No creen en el servicio público, no lo entienden de esa manera. Por eso estamos como estamos. Lo público en sí mismo no es un negocio, salvo que lo conviertas en negocio. Después, cómo se relaciona la sociedad con los agentes privados, hay que discutirlo y tampoco me parece mal. Ahora, lo que sí me parece mal es que se privilegie sólo a lo privado.

¿Es falta de gestión o una decisión política?

No, no es falta de gestión. Gestionan hacia esa dirección, eso explica el porqué de estos vaciamientos, como detener la entrega de los Premios Municipales, los teatros sin equipos, incluso con un teatro cerrado hace bastante tiempo (el Teatro Alvear), del que no se sabe cuándo reabrirá. Ni siquiera se encargaron de apurar las obras ahora, hubieran podido hacerlo. Ahí está clara la política. No está en su imaginario abrir ese teatro.