Infectóloga Obieta: “Si no hacemos todo junto no hay forma de salir: hay que vacunarse y extremar los cuidados”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

La segunda ola de la pandemia llegó con forma de tsunami. En pocas semanas, el crecimiento de los contagios se multiplicó en forma exponencial y puso al sistema de salud contra las cuerdas; un sistema que, otra vez, parece soportar el embate del coronavirus. “Pero estamos agotados”, advierte Elena Obieta, infectóloga, integrante de la Sociedad Argentina de Infectología y jefa de servicio en el Hospital Ciudad de Boulogne, en San Isidro.

Mientras la vacunación avanza menos de lo esperado, Obieta insiste en mantener las medidas de prevención y no especular con ninguna variable: la Covid está afectando a población más joven, con una alta tasa de internados por largos períodos en terapia intensiva que padecen secuelas que duran meses. “Hace un año que vemos el mismo capítulo. Llegan los pacientes, se complican, hacen una neumonía bilateral, pasan a terapia, se les pone el respirador y en el mejor de los casos, a los 25 días zafan y no se mueren. Y otra vez así, todos los días”, advierte.

A pesar de que el número de casos parece haberse estabilizado, Obieta asegura que “no hay que relajarse”. “No nos podemos confiar en llegar a una inmunidad de rebaño porque mientras se va muriendo mucha gente. Tenemos que acelerar el ritmo de las vacunas y cuidarnos. Si no hacemos todo esto junto, no hay forma de salir”, dice a Diario Z.

¿Hacia dónde nos está llevando la pandemia?

No lo sabemos. Los efectores no tenemos un panorama de cuándo va a estar el 70% de la población vacunada. Tristemente tampoco lo saben desde los ministerios, en la medida que están pudiendo conseguir vacunas, podremos tener alguna previsión. Ahora, lo que hay que dejar en claro es que la vacuna no es la única herramienta. Sé que la gente quiere la vacuna, pero hay que seguir recordando que no es la única medida de prevención. Tenemos que sostener las demás: el lavado de manos, la utilización correcta del barbijo, la distancia física, la ventilación de los ambientes aunque haga frío: te ponés un buzo, una bufanda o un gorro, pero dejá abierto. En el transporte público tienen que estar las ventanillas abiertas. Tenemos que seguir cuidándonos porque estamos viendo internaciones en terapia intensiva de pacientes cuya edad es de una década y media menos que los que se internaron en la primera ola. Al principio, las terapias se llenaron con pacientes de más de 80 años y que, por más que suene frío, tal vez fallecían rápidamente y liberaban una cama. Ahora, los pacientes, al ser más jóvenes, ocupan las terapias más días, con lo cual se presiona todavía más al sistema.

¿Usted cree que el descenso en la edad de los contagios tiene que ver con las nuevas variantes del virus?

No solamente. Las nuevas variantes pasaron de ser actores de reparto a protagonistas. Estas nuevas variantes son más contagiosas y pueden ser más dañinas para el pulmón. Estamos viendo los resultados. En tanto y en cuanto no se acelere el ritmo de vacunación y no se extremen los cuidados, el panorama va a empeorar. Hay que cuidarse hasta dentro de nuestro grupo de convivientes. Y hay que vacunarse: con una sola dosis, por lo menos nos protegemos de las formas graves, prevenimos las hospitalizaciones e internaciones.

¿Es una catástrofe humanitaria lo que estamos viviendo?

Lo es. Y no sólo en la Argentina.

¿Por qué la segunda ola fue tan avasallante?

La pregunta es: ¿por qué no nos iba a ocurrir? No tenemos coronita, por más que Maradona y Messi sean argentinos. Nos iba a pasar. Si vos veías las fiestas clandestinas, los chicos en las playas, todos sin barbijo… yo entiendo todo, tenés derechos, pero hoy no se puede. Es así de complicado. Yo hace más de un año que no le doy un beso a mi mamá, que tiene dos dosis de vacuna y yo tengo una. Hay que cuidarse y esperar. Ya vamos a tener la posibilidad de volver a la vida de antes.

La segunda ola parece haberse estabilizado.

Tampoco sé si estamos testeando lo suficiente. La positividad sigue siendo alta, con lo cual hay más casos que no están siendo testeados. Y si no aislamos al contacto estrecho del positivo, sea porque no lo fuimos a buscar, porque no nos enteramos o por lo que fuere, vamos a seguir así, en esta meseta altísima.

¿La llegada del frío puede complicar aún más la situación en los próximos meses?

Con este nivel de casos, no hay que relajarse. No nos podemos confiar en llegar a una inmunidad de rebaño porque mientras tanto se va muriendo mucha gente. Tenemos que acelerar el ritmo de las vacunas y cuidarnos. Si no hacemos todo esto junto, no hay forma de salir. Por otra parte, yo creo que hay que reforzar el seguimiento de los contactos estrechos porque acá todos los pacientes son Robinson Crusoe, todos viven solos… vamos… tenemos que ser responsables.

En definitiva, ¿qué podría pasar si no se extreman los cuidados y se refuerza la vacunación?

Vamos a tener un invierno muy complicado. La gente no tiene que olvidarse que, si le corresponde, tiene que darse la vacuna antigripal y de la neumonía, con una diferencia de 14 días con la vacuna por Covid. Tal vez en 2022 esto se convierta en endémico, con pocos casos al año, pero lo vamos a seguir viendo. En el mientras tanto, hay que sortearlo.

¿Qué postura tiene frente a la presencialidad en las escuelas?

Estoy a favor de la presencialidad, pero no a favor de todo los demás mamarrachos que rondan a la presencialidad.

¿A qué se refiere?

A lo que sucede en el transporte público, a las juntadas, al cumpleaños en un pelotero, al cruce de burbujas. No me parece que sea un tema tan complicado. El Estado puede poner combis a disposición desde el colegio, se puede organizar. Cuando veo el rejunte que se produce en Constitución, pienso: ¿no pudimos arreglar el transporte público en un año? Hay algo que no está bien. A ver, yo soy futbolera, pero, ¿es necesario que haya fútbol? ¿Puede haber fútbol, pero le prohibimos a los chicos de segundo grado que aprendan a leer y escribir en la escuela? No me parece bien y hasta no tiene justificación desde el punto de vista epidemiológico. La sociedad debe elegir. Hay una responsabilidad individual que es indelegable, pero también hay niveles de responsabilidad dirigencial. Una ve fotos de encuentros políticos y la verdad es que da vergüenza: ¿cómo le pedimos entonces a los ciudadanos que se queden adentro? Todos tenemos que dar el ejemplo. Nosotros, como efectores de salud, no podemos darnos el lujo de estar cansados. A nivel político, lo que necesitamos es que dejen de pelearse como chicos en el recreo de la escuela para hacer de esto algo menos doloroso.

En medio de esto, el sistema de salud parece estar resistiendo otra vez el embate.

Sí, pero estamos agotados. Agotados. Pónganse en el lugar de un médico de terapia intensiva, que hace tres guardias por semana, que prácticamente no ve a su familia, duerme poco y mal y que, de repente, ve que los chicos se van de viaje de egresados… Hace un año que vemos el mismo capítulo. Llegan los pacientes, se complican, hacen una neumonía bilateral, pasan a terapia, se les pone el respirador y en el mejor de los casos, a los 25 días zafa y no se muere. Y otra vez así, todos los días.

Otro tema que no suele abordarse, ¿cuáles son las secuelas de las personas que sobreviven a la terapia intensiva?

Hay personas que desde hace tres meses no pueden caminar, les duele todo el cuerpo, las manos… tengo un paciente que me cuenta que se queda dormido en cualquier lado, en cualquier momento del día. Ese es el post covid o long covid. Hay algunas teorías sobre por qué a algunos les pasa y a otros no, aunque aún no se sabe bien. Lo que sabemos es que a un 10% de los pacientes les lleva más de tres meses recuperar la calidad de vida. Hay personas que hace nueve meses que no recuperan el olfato y el gusto, incluso algunos huelen a podrido todo el día. Esto sucede, probablemente, porque hay reservorios del virus en el nervio olfatorio. Y para el resto de las secuelas, se habla de la inflamación que genera el virus, pero no por acción viral directa, es decir, el virus se fue pero queda la inflamación. Ni hablar de un paciente que estuvo en terapia unos cuantos días, que queda con el síndrome del paciente crítico, le lleva muchos meses recuperarse. No es que salen caminando de la terapia… quedan con trastornos del sueño, dificultad para concentrarse, con estrés postraumático. No es joda. Tenemos que escuchar a los pacientes.

Más allá de la lógica atención que concitó la Covid-19, ¿hubo descuidos en otras patologías?

Deberíamos hablar de VIH, tuberculosis. Nada es más difícil de modificar que el comportamiento humano. Seguimos teniendo casos de sífilis, muchas enfermedades transmisibles que nunca pararon. Mucha gente con VIH no se testeó oportunamente por el miedo a la pandemia y estamos viendo pacientes con infecciones muy avanzadas. Incluso hay personas con VIH que abandonaron sus tratamientos por temor a acercarse a un hospital, por problemas burocráticos con las obras sociales. Es otro problema oculto del que se habla muy poco. Hay que seguir haciendo controles, por ejemplo los diabéticos, los oncológicos. La verdad es que el panorama es desalentador.