¿El churrasco es un pecado? Los “Lunes sin carne” encendieron la polémica

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Una inesperada polémica se inició a partir de un proyecto, impulsado por dos diputadas de Juntos por el Cambio y aprobado por la Legislatura porteña, que declaró de “interés ambiental” a la campaña internacional conocida como “Lunes sin carne”, cuyo objetivo es “concientizar acerca del impacto ambiental que genera el excesivo consumo de carne”. La respuesta del sector ganadero no se hizo esperar, apuntando que “resulta imprescindible alentar el consumo de carnes como principal fuente de proteínas de los argentinos”. “Equipos de profesionales del Hospital Garrahan de Buenos Aires han demostrado el riesgo, particularmente en lo que hace a deficiencia de vitamina B12,  que corren las madres veganas que no incluyen carne en sus dietas antes de la concepción hasta el final de la lactancia materna”, argumentaron desde el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva)

El objetivo de la campaña “Lunes sin Carne” es concientizar acerca del impacto ambiental que genera el excesivo consumo de carne.

La campaña es impulsada por el ex Beatle Paul Mc Cartney y motorizada en el país por la Unión Vegana Argentina (UVA). Manuel Alfredo Martí, presidente de la UVA, celebró la aprobación de la iniciativa: “Esto significa que la Legislatura reconoce la incidencia negativa de la industria de la carne en el planeta, los animales y la salud. Si no pueden dejar de comer proteínas animales, aunque sea déjenlo de hacer por un día”. El próximo paso, según Martí, es que se implemente en los comedores de las escuelas y dependencias oficiales porteñas. “Esto se está realizando en más de 100 municipios del Estado de San Pablo, Brasil. En el primer semestre de 2019 se repartieron 42 millones de viandas veganas en las 8 mil escuelas de los estados adheridos”, explicó.

Es conocido el impacto de la industria ganadera a nivel global. Todo el complejo de crianza animal representa el 22% de las emisiones de carbono, según la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura). Del otro lado de la balanza, los defensores de la ganadería aseguran que la actividad mejora la fertilidad de los suelos, evita la erosión y es “beneficioso para la biodiversidad”, señaló el Instituto de la Promoción de la Carne vacuna Argentina (IPCV). El proyecto aprobado en la Legislatura fue presentado por las legisladoras de Juntos por el Cambio, Mercedes de las Casas y Carolina Estebarena. Ambas fueron consultadas por Diario Z, pero prefirieron dar por cerrada la discusión.

Además de ser una fuente de proteínas de alto valor biológico, las carnes son fuentes naturales de hierro y zinc, un elemento clave para formación ósea e inmunitaria en niños.

dra. susana gutt, jefa de nutricion del hospital italiano

Con el precio de las carnes volando alto (el 2020 cerró con un consumo interno de carne vacuna de 49,7 kilogramos por habitante, la cifra más baja de los últimos 100 años), con las verduras que acompañan y superan el ritmo de la inflación, la dieta se reduce y simplifica en alimentos que generan saciedad, pero que carecen de las propiedades nutricionales adecuadas. Además de ser una fuente de proteínas de alto valor biológico, las carnes son fuentes naturales de hierro y zinc, un elemento clave para formación ósea e inmunitaria en niños. “Tenemos una dieta a base de fideos y arroz”, lamenta la jefa de Nutrición del Hospital Italiano, Susana Gutt. ¿Cuál sería el ideal? “Culturalmente estamos acostumbrados a comer carne con verduras, pero lo correcto sería que la carne sea la guarnición de las verduras, por ejemplo. En ese sentido, la porción ideal son 150 gramos de carne, no más. Y cumplir con una regla básica: la dieta tiene que ser completa, suficiente, adecuada y armónica”.

Gutt sostiene que, antes que atacar a las dietas equilibradas, a la hora de hablar de medio ambiente habría que pensar en otras dimensiones. Hoy se da una situación, si se quiere, paradójica. A lo largo de la historia de la humanidad, el principal problema nutricional fue siempre la desnutrición. Hoy, en cambio, el principal problema es la obesidad. “Hay 800 millones de obesos y 450 millones de desnutridos”, alerta Gutt. ¿Cómo sucedió esto? “Si vamos a la base de las necesidades nutricionales, necesitamos comer alimentos más naturales, sin ultra procesar, pero cuando vamos al supermercado los peores alimentos son los más baratos, por ejemplo, los snacks”, responde. Y añade: “El problema de la pobreza es que no tiene posibilidades de alimentarse saludablemente.”

“Para no matar animales no alcanza con evitar la carne. Toda producción genera muertes directas o indirectas: el reemplazo de hábitats naturales por extensiones agrícolas destruye numerosos y valiosos ecosistemas. “

naturalista claudio bertonatti.

A pesar del privativo precio de la carne para los sectores populares, la Argentina es el segundo consumidor a nivel mundial, sólo detrás de los Estados Unidos. Según datos del Ministerio de Agroindustria.en la Argentina el consumo de las distintas variedades de carne está por encima de los 110 kg/hab/año repartidos entre carne vacuna, pollo, cerdo y ovina.

Para el reconocido naturalista Claudio Bertonatti, no existe la “producción ni el consumo de alimentos a impacto ambiental cero ni que eluda la muerte de animales domésticos o silvestres”. “Hay que elegir, entonces, el menor daño posible, evitando todo sufrimiento eludible en la producción y en la muerte. ¿Es posible? No es posible erradicarlo totalmente, pero, sí, es posible minimizarlo, siendo cuidadosos y respetuosos tanto de los animales domésticos o de granja como de los ecosistemas silvestres”, agrega. En ese sentido, la campaña “Lunes sin Carne” apunta a consumir de manera responsable, aportar a la reflexión sobre el cambio climático y concientizar sobre la necesidad de diversificar las dietas alimentarias.

“Desde el punto de vista nutricional, no comer carne durante un día, no hace daño. Hay otras proteínas para reemplazar a la carne”, dice Gutt. Sin embargo, Gutt advierte que detrás de la campaña impulsada por la UVA hay un mensaje que condena el consumo de proteína animal en general, apoyado en las dietas veganas y vegetarianas. “No estoy para nada de acuerdo, es una forma de involución”, aclara Gutt. “Hay teorías antropológicas muy sustentadas que indican que el homo sapiens hizo crecer su capacidad cognitiva cuando descubrió la cocción de la carne”, indica. “Históricamente comemos lo que nos da el ambiente y nuestro ambiente nos da carne; después podemos hablar de la industria y sus formas, es otra discusión”, añade.

Bertonatti señala que muchas personas se vuelcan al veganismo por empatía con los animales domésticos pero ignorando los impactos de la producción agrícola sobre los animales (y ecosistemas) silvestres. “Como la mayoría vive en ciudades conoce poco la complejidad, riqueza y diversidad de plantas y animales en los espacios salvajes”, explica. El reemplazo de hábitats naturales por extensiones agrícolas destruye numerosos y valiosos ecosistemas, dice Bertonatti. “Pongo énfasis sobre los ecosistemas porque la sensibilidad pública está invertida: genera más compasión la muerte de un animal que la extinción de una especie (que contiene todos los individuos de todas las poblaciones). Y algo peor: la muerte de un animal genera mayor impacto emocional que la destrucción de un ecosistema que contiene muchos animales y de diferentes especies. Hay mucho trabajo educativo por delante”, agrega.

Para Bertonatti el “fundamentalismo vegano” y la rígida posición de la industria cárnica desemboca en una discusión entre sordos. Y eso, en definitiva, representa un problema para lograr una “agroindustria” más compasiva con otras formas de vida:  “La empatía con el resto de las formas de vida no pasa por la dieta, sino por ese y muchos otros aspectos: el conocimiento, el estudio, el respeto, el consumo ambientalmente responsable… Para no matar animales no alcanza con evitar las carnes… toda producción genera muertes directas o indirectas: desde los metales extraídos para hacer nuestros celulares las las represas hidroeléctricas que nos brindan energía, desde el algodón que se cultiva y fumiga para que podamos tener una remera como las gomas o plásticos que derivan del petróleo para hacer las suelas de nuestras zapatillas…