Susana Gutt: “Necesitamos comer carne, el veganismo y el vegetarianismo son una involución”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“La proteína animal, y todos los demás aportes, son necesarios para el desarrollo humano”, asegura Susana Gutt, jefa de Nutrición del Hospital Italiano. Gutt acude a las teorías antropológicas que señalan como un momento clave el descubrimiento de la cocción de las carnes, lo que se tradujo en un aumento de la capacidad cognitiva.

Con la masificación de la industria alimentaria, los alimentos ultraprocesados, la explosión del consumo de sales y azúcares, la desnutrición le dio paso a la malnutrición. Hoy hay 800 millones de obesos y 450 millones de desnutridos en el mundo.

“La pregunta es por qué comemos carne y la respuesta es múltiple: comemos carne porque históricamente el homo sapiens come lo que le da su ambiente y porque las carnes son una fuente de energía muy grande, son fáciles de cocinar y son ricas”, explica Gutt, que tiene una posición muy concreta frente al debate sobre consumir o no carne, un debate que crece desde hace años entre las nuevas generaciones. “Si el mensaje es no comer carne por un día, como es el caso de lo que propone la campaña Lunes sin Carne, no se altera la dieta porque no necesitamos comer carne todos los días. Pero yo no estoy de acuerdo con los veganos o vegetarianos, es una involución”.

Se calcula que el 1% de la población mundial es vegana y el 9%, vegetariana. Para Gutt, allí conviven visiones erróneas acerca de las necesidades nutricionales concretas de las personas, la sensibilidad con los animales y la preocupación por el ambiente.

Estamos acostumbrados a comer carne con verduras, lo correcto sería que la carne fuera la guarnición de las verduras. Tenemos una dieta base de arroz y fideos, que incumple las reglas básicas de la nutrición.

Hasta el siglo XX, el principal desafío para la humanidad era el hambre y la desnutrición, dos consecuencias directas de la pobreza y la explosión demográfica de las ciudades, la desaparición de espacios de producción propia (huertas y gallineros) y de saberes ancestrales de relación con la tierra. Con la masificación de la industria alimentaria, la aparición de alimentos ultraprocesados, la explosión del consumo de sales y azúcares, la desnutrición le dio paso a la malnutrición.

“Hoy hay 800 millones de obesos y 450 millones de desnutridos en el mundo”, alerta Gutt. “Si vamos a la base de las necesidades nutricionales, necesitamos comer alimentos más naturales, sin ultra procesar, pero cuando vamos al supermercado los peores alimentos son los más baratos, por ejemplo, los snacks; el problema de la pobreza es que no tiene posibilidades de alimentarse saludablemente, el daño es muy alto”, dice.

La dificultad de llevar adelante una dieta equilibrada lleva a un debate que afecta el presente y, sobre todo, el futuro de una generación que, según el ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo, arrojará como resultado a “niños petisos y obesos”.

“Lamentablemente es verdad”, dice Gutt. “Tenemos una dieta base de arroz y fideos, que incumple las reglas básicas de la nutrición”, alerta. Y agrega: “Culturalmente estamos acostumbrados a comer carne con verduras, pero lo correcto sería que la carne sea la guarnición de las verduras, por ejemplo. En ese sentido, la porción ideal son 150 gramos de carne, no más. Y cumplir con una regla básica: la dieta tiene que ser completa, suficiente, adecuada y armónica”.