Luis Trombetta, infectólogo del Muñiz: “Hay una baja de casos en CABA, pero aún no es una tendencia firme”

Por Demián Verduga. Diario Z.

El último reporte oficial del Gobierno de la Ciudad informó 1.948 casos nuevos de Covid-19. El propio ministro de Salud de la CABA, Fernán Quirós, sostuvo en conferencia de prensa que el promedio de nuevos casos diarios había descendido de 2.700 a 2.200. Los datos aparecen 14 días después del inicio de las 9 jornadas de restricción fuerte que comenzaron el 21 de mayo y finalizaron el domingo pasado.

Para analizar las causas y perspectivas de la evolución del coronavirus en la Ciudad, Diario Z consultó al infectólogo del Hospital Muñiz, y profesor de la Facultad de Medicina de la UBA, Luis Trombetta.   

¿A qué cree que responde la baja de casos en la Ciudad?

Todos los pronósticos son hipótesis. Muchas veces son expresiones de deseo. En este momento, la restricción es relativa. No se trata de jugar al número porque eso es engañoso. Hoy hay provincias con números altísimos y  tampoco es tan fácil explicar los motivos. La circulación viral depende básicamente del comportamiento social. Las medidas de restricción ayudan, pero no es fácil hacer una relación lineal entre una cosa y la otra. Está bien tomar esas medidas, pero no es un tema matemático.

¿De qué depende entonces que el virus afloje?

Básicamente de que haya menos personas susceptibles. Sea porque se vacunaron o porque se infectaron y generaron anticuerpos. Yo viajo en colectivo, con los asientos completos y 10 personas paradas, hay exposición. Es muy difícil sostener que esta caída es una tendencia. No es que las restricciones no sirvan, por supuesto que sirven. Lo que no hay es una relación aritmética. Hay mucha gente que no sabe dónde se contagió. Hoy la gente se reúne en las plazas para almorzar, para festejar los cumpleaños. Están al aire libre, sí, pero también están en contacto. Por eso se ajustan la restricciones el fin de semana, porque hay más reuniones sociales.

La Ciudad vacunó alrededor del 30 por ciento de la población con al menos una dosis. Se suma a que desde el inicio de la pandemia se contabilizan más de 420 mil infectados. Todo junto daría que casi 45 por ciento de los porteños tienen algún tipo de anticuerpo…

Por supuesto que hay menos susceptibles ahora que antes. Pero también es cierto que a la Ciudad ingresan tres millones de personas por día. Tener el 30 por ciento inoculado está muy bien. Pero todavía quedan muchos susceptibles. De todos modos, no podemos descartar que la suma de los vacunados y los infectados esté teniendo algún efecto en la caída de casos. También hay personas que dicen que las nuevas cepas pueden reinfectar. El punto es que es una enfermedad nueva. Los expertos no existen en esto. La experiencia se construye en el tiempo. Por eso es que todo el tiempo hay cambios en las recomendaciones. En la década del ’80, cuando apareció el HIV, se dijo que fue una enfermedad de la que se aprendió a una enorme velocidad porque en 15 años se lograron tratamientos muy eficaces. Ahora todavía no pasaron dos años y ya tenemos vacuna. Es una velocidad espectacular.

¿Puede decirse que hay algún sesgo entre las personas que están presentando casos graves, por ejemplo si son personas de sectores más pobres?

No. La Ciudad se atiende mucho en el sector privado y las obras sociales sindicales. Estamos recibiendo ahora menos pacientes en el día a día. No vemos en el hospital que sea una población diferente a la habitual. En general en el Muñiz se atienden personas de menores recursos. La gente está yendo primero a atenderse en el sistema privado. No hay forma de sostener que hay una segmentación social, que los sectores más empobrecidos se están enfermando más y de modo más grave. Eso no se ve.

¿Y la cuestión de la edad? ¿Se están enfermando más los jóvenes y con cuadros más graves?

Hoy tenemos más personas jóvenes con cuadros más complicados. Al mismo tiempo tenemos muchos más pacientes, comparado  proporcionalmente con el año pasado, transitándolo en la casa. Eso tiene que ver con la experiencia y el aprendizaje de cómo manejar la enfermedad. Me parece que no hay una base estadística sólida para sostener que ahora los jóvenes están presentando casos más graves que el año pasado. Son impresiones, pero no es lo mismo que un basamento científico.