Claudio Bertonatti: “Muchos veganos creen que para no matar animales alcanza con no comer carne”

La empatía con las otras formas de vida no pasa por la dieta sino por el respeto del medio ambiente, afirma Claudio Bertonatti.

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“No existe la producción ni el consumo de alimentos a impacto ambiental cero ni que eluda la muerte de animales domésticos o silvestres. Hay que elegir, entonces, el menor daño posible, evitando todo sufrimiento eludible en la producción y en la muerte. ¿Es posible? No es posible erradicarlo totalmente, pero, sí es posible minimizarlo, siendo cuidadosos y respetuosos tanto de los animales domésticos o de granja como de los ecosistemas silvestres”, dice con contundencia Claudio Bertonatti a Diario Z.

Naturalista, museólogo y docente, integrante de la Fundación Azara, ex asesor de Parques Nacionales, Bertonatti se involucra en la discusión  en torno al consumo de carne, un debate de larga data pero que recientemente se vio atravesado por la declaración de “interés ambiental” de la iniciativa “Lunes sin carne” por parte de la Legislatura porteña. Para Bertonatti, el debate sobre el futuro de la alimentación y el cuidado del medio ambiente debe despojarse de todo fundamentalismo para remitirse a las bases científicas.

Toda dieta implica la muerte de seres vivos. La muerte de un animal genera mayor impacto emocional que la destrucción de un ecosistema que contiene muchos animales y especies.

¿Por qué cada vez más personas adoptan dietas veganas o vegetarianas?

Muchas personas se vuelcan al veganismo por empatía con los animales domésticos pero ignorando los impactos de la producción agrícola sobre los animales (y ecosistemas) silvestres. Como la mayoría vive en ciudades conoce poco la complejidad, riqueza y diversidad de plantas y animales en los espacios salvajes. Su conocimiento sobre la muerte directa de animales domésticos contrasta con el desconocimiento de las muertes indirectas que generan los campos agrícolas. Pensemos que donde hay un cultivo hubo un ecosistema poblado por muchos animales. Al reemplazar su ambiente natural, el arado, el sembrado, el fumigado y cuidado del cultivo termina matando todo lo que allí vivía antes. Pero eso pocos lo han visto y lo ven. Ese “cuidado” del cultivo es violento, porque implica arrojar tóxicos o biocidas que matan tanto las especies perjudiciales como las que no lo son y, como si fuera poco, intoxican tierras, cuerpos de agua o napas subterráneas. Esto no quiere decir que no haya que comer plantas. Debemos alimentarnos de sentido común, porque no existe dieta alguna que no implique la muerte de seres vivos y no aclaro lo de “sintientes”, porque “sintientes” son todos, incluyendo las plantas que tienen unos 20 sentidos.

Donde hay un cultivo hubo un ecosistema poblado por muchos animales. Al reemplazar su ambiente natural, el arado, el sembrado, el fumigado terminan matando lo que vivía allí antes.

Hay un punto de la discusión que parece clave: la necesidad de diversificar las dietas.

No existe una “dieta universal” con igual impacto ambiental para todo el mundo. Países en diferentes regiones, con paisajes, especies, suelos y climas diferentes, exigen producciones diferentes. Producir maíz en Alaska es tan absurdo como producir arroz en la Patagonia. Por lo tanto, lo mejor es identificar qué recursos alimentarios son los más fáciles y de menor impacto ambiental negativo para producir y consumir en cada provincia, país y región. Luego, en todo caso, intercambiarlos. Y, está claro, que además de impactar lo menos posible sobre los ecosistemas debemos evitar el sufrimiento innecesario de los seres vivos que serán nuestro alimento. Pongo énfasis sobre los ecosistemas porque la sensibilidad pública está invertida: genera más compasión la muerte de un animal que la extinción de una especie (que contiene todos los individuos de todas las poblaciones). Y algo peor: la muerte de un animal genera mayor impacto emocional que la destrucción de un ecosistema que contiene muchos animales y de diferentes especies. Hay mucho trabajo educativo por delante.

¿De dónde se traen las verduras y las frutas? Comer kiwis de Nueva Zelanda tiene altísimo impacto ambiental por el consumo de combustible para su transporte.

¿Cómo podría transformarse la industria en una escala más amigable?

En mi opinión, lo más razonable es elegir los alimentos “de estación”, producidos los más cercanamente posible (para minimizar los impactos indirectos del consumo del combustible para su transporte, entre otros) y con modalidades orgánicas. Y con carnes de producciones no “industriales” y certificadas ambientalmente. ¿Desde dónde se traen sus semillas, frutas, verduras, hortalizas? Porque cuanto más lejos estén de los lugares de origen de esos productos más necesidad existe de transporte en camiones o aviones. Eso implica que en la ecuación de los impactos también ingrese el consumo de combustible fósil. En la Argentina comer kiwis de Nueva Zelanda es, entonces, de altísimo impacto ambiental, porque sabemos que existe un correlato entre los combustibles fósiles y el cambio climático. Y convengamos que la industria del petróleo mata muchos animales, ¿no?

La empatía con el resto de las formas de vida no pasa por la dieta, sino por el conocimiento, el estudio, el respeto, el consumo ambientalmente responsable.

¿Por qué no se da ese debate?

En muchos veganos (no en todos, claro está) hay fundamentalismo. Y un fundamentalismo que puede manifestarse con violencia, aunque sea filosóficamente contradictorio. Pero el fundamentalista es incapaz de ver sus contradicciones. Y desde esa posición, amplifican todo lo que se contrapone con su forma de pensar o sentir y en lugar de discutir, agreden, insultan y hasta amenazan. Me ha pasado. Esa posición es un problema más para lograr que la “agroindustria” sea más compasiva con otras formas de vida. En la Argentina, como en muchos otros países, el consumo actual de carne no es el mismo de antes y por una multiplicidad de razones, entre las que pondero la situación económica, el cuidado de la salud y cambios culturales. La empatía con el resto de las formas de vida no pasa por la dieta, sino por ese y muchos otros aspectos: el conocimiento, el estudio, el respeto, el consumo ambientalmente responsable… Para no matar animales no alcanza con evitar las carnes… toda producción genera muertes directas o indirectas: desde los metales extraídos para hacer nuestros celulares, las represas hidroeléctricas que nos brindan energía, desde el algodón que se cultiva y fumiga para que podamos tener una remera como las gomas o plásticos que derivan del petróleo para hacer las suelas de nuestras zapatillas… Si uno mirara más la naturaleza…. reconocería las cadenas y redes tróficas. Ecología básica. Pero como no sabemos mirar ni la naturaleza ni los procesos de la ecología urbana, esa materia nos la llevamos previa.

Sin embargo el veganismo ha ganado a muchos jóvenes…

Te cuento algo por si te suma para comprender a los veganos radicalizados: muchos son jóvenes y han buscado un grupo de pertenencia. El discurso vegano es sencillo: para evitar el sufrimiento y la muerte de los animales no comas carne. Ese discurso (como “no a los zoológicos”, “no a la mina”, “no a las papeleras”) es, en apariencia, una causa noble…. Y la militancia no siempre va de la mano de los “libros”. Entonces, si una persona le dice a uno de esos jóvenes algo que va contra el discurso aprendido lo primero que siente es que se “atacó” no solo su forma de pensar sino al grupo de pertenencia que lo contiene y del que él o ella es parte. La reacción, entonces, es defenderse o contraatacar. El fundamentalista no es capaz de detenerse a revisar si lo que se ha dicho tiene algo de razón. Y empleará su tiempo en buscar otras “fuentes de información” que “avalen” su corriente de pensamiento. Esto va a contramano del pensamiento razonado o científico: contrastar las distintas fuentes de información y determinar cuáles son veraces o acertadas y cuáles no. Así progresa el saber y la ciencia, pero así no progresan las posiciones radicalizadas. Borges decía que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia”. Pero un fundamentalista no se permite dudar.