Intensivista Rosa Reina: “La edad promedio en las terapias es de 40 años y el 70% necesita respirador”

Por Franco Spinetta. Especial Diario Z

Una vez más, el sistema de salud parece estar resistiendo el embate del Covid. Para la presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, Rosa Reina, los equipos de salud están embarcados en una tarea heroica y en condiciones muy adversas: estrés laboral, tecnología obsoleta y pluriempleo. “Todo esto desnuda que el sistema de salud no está bien y el personal de salud, tampoco. Todo el personal, no sólo los intensivistas”, dice a Diario Z.

Luego de que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner insistió en la necesidad de repensar el sistema de salud, el debate parece tomar impulso no sólo en la opinión pública. Reina coincide en que es el momento propicio para colocar este debate en el “primer renglón de la agenda pública”. “Por supuesto que es el momento, ¿qué otra cosa vamos a esperar para que se siga desnudando que el sistema de salud no aguanta más?”, se pregunta.

Mientras tanto, aunque la presión sobre las terapias pareciera haber aflojado a tono con la disminución de los contagios en el AMBA, Reina advierte que “todavía los números son muy altos y queremos tener mucha precaución, estamos arriba del 80 por ciento”. “Para que uno pueda decir que la situación está mejorando, debería bajar sostenidamente en el tiempo. En un mes, la demanda se incrementó en un 30 o 40% y ahora estamos bajando, pero no en esa proporción”, señala.

Otra vez parecen estar aguantando el embate del Covid.

Hasta ahora, afortunadamente no hemos tenido que definir si se atiende o no a alguien. Todos nos imaginamos que podía llegar a suceder. Por eso, se trabajó con los equipos de expertos en bioética para poder acompañar en estas decisiones. Son situaciones límite.

¿Qué rescata como reflexión del tiempo transcurrido desde el inicio de la pandemia?

Estamos trabajando muy bien en equipo, en todo el país, aunque muchos no nos conocemos, a pesar de ser personal intensivista. Se ha hecho una cadena muy importante, a través de WhatsApp, donde intercambiamos información, hacemos interconsultas, tanto para la parte asistencial, como la toma decisiones sobre los pacientes. Pero también hablamos sobre el estrés, el cansancio. Sentimos que no podemos más. Los intensivistas médicos, enfermeros, kinesiólogos, nutricionistas, bioquímicos, terapistas ocupacionales… todo el equipo que trabaja en las terapias se unió y fue maravilloso porque nunca sucedió de esta manera. Lo negativo es que no se considera a esta especialidad como corresponde. No hay una decisión por mejorar esto, desde hace muchos años. Lo decimos porque esto es una pandemia, pero nosotros sufrimos nuestras propias catástrofes: los politraumas, que son una epidemia que no se revierte. Todo esto desnuda que el sistema de salud no está bien y el personal de salud, tampoco. Todo el personal, no sólo los intensivistas.

Aun en esas condiciones, el sistema aguantó. Si alguien le hubiese dicho que íbamos a tener esta cantidad de contagios y de internados, ¿qué hubiera imaginado que pasaría?

Que esto explota lo venimos diciendo desde 2009, cuando tuvimos la epidemia de H1N1. Para nosotros eso había sido lo peor que nos había pasado. Y no fue nada que ver a esto. En ese momento dijimos: “Otra situación como esta y el sistema no lo soporta”. El personal vive agotado, somos cada vez menos porque la gente se jubila y esos cargos no se cubren, no se mejoran las condiciones laborales; hay pluriempleo, de hasta dos o tres trabajos en simultáneo, porque no llegamos a fin de mes. Esto lo venimos diciendo hace muchos años. Lo que sucede es que los intensivistas, como los emergentólogos, estamos en una situación límite: recibimos un paciente que está muy mal y tenemos que tomar decisiones en forma rápida porque de esa decisión que toma el equipo puede depender que el paciente fallezca o no. Es, en cierta manera, un entrenamiento y una resiliencia. Sabemos que lo vamos a aguantar. Lo que no sabemos es durante cuánto tiempo. El personal se va agotando, se jubila o renuncia. Y la cosa está cada vez peor. Diez años atrás, con dos trabajos llegabas a fin de mes, ahora no sirve. Las autoridades no lo logran entender. Con bonos no se soluciona esto.

Justamente ahora empieza a abrirse, otra vez, un debate sobre el sistema de salud, ¿cree que es un buen momento?

Por supuesto que es el momento, ¿qué otra cosa vamos a esperar para que se siga desnudando que el sistema de salud no aguanta más? Sobre todo el público. ¿Qué otra cosa tiene que pasar? Hay que poner en la agenda, en el primer renglón, al sistema de salud. De una vez por todas. El sistema público se viene quedando atrás, no se renueva, no mejora, ni en recurso humano, ni en tecnología. Es lamentable, pero es la realidad.

¿Cuál es la situación de las terapias hoy en el AMBA? ¿Se está descomprimiendo la demanda?

Pareciera que sí, que está queriendo bajar. Pero todavía los números son muy altos y queremos tener mucha precaución. Estamos arriba del 80 por ciento. Para que uno pueda decir que la situación está mejorando, debería bajar sostenidamente en el tiempo. En un mes, la demanda se incrementó en un 30 o 40 por ciento y ahora estamos bajando, pero no en esa proporción. Todavía hay que esperar, pero ojalá se sostenga este descenso.

¿Qué nos puede contar sobre las personas internadas en las terapias?

Son más jóvenes, hay menores de 50 años, tal vez en 40 años promedio. Son casos muy graves, el 70 por ciento requiere de respirador. Y a veces llegan más tarde a la consulta. Están falleciendo personas más jóvenes. Las personas mayores de 60 o 70 vacunadas no están ingresando a las terapias, afortunadamente, aunque muchos de ellos tienen otras enfermedades de base que los hacen más vulnerables, a pesar de hacer una forma leve de Covid. Hay una mortalidad de personas más jóvenes, y eso la verdad es psicológicamente terrible.

¿Acelerar el ritmo de vacunación ayudará a atravesar el invierno?

Los que están entrando en las terapias intensivas son pacientes de 59 años para abajo. También estamos recibiendo en las terapias de adultos a menores de 18 años. Estos pacientes no se estaban vacunando. Si esa población es vacunada en un 50 por ciento en el próximo mes, es posible que los efectos se vean antes de que termine el invierno. Hay que tener en cuenta que los efectos tardan alrededor de 45 días, algunos dicen hasta 60 días. Si se acelera la vacunación de esta población vamos a ver resultados, pero no creo que sea en el cortísimo plazo.

La población joven que ingresa a las terapias, ¿tiene alguna comorbilidad?

Algunos que sí y otros que no. Estamos viendo jóvenes sanos, inclusive deportistas.

¿Por qué sucede eso?

La primera explicación es que son personas que estaban circulando, que participaban de actividades, o por trabajo, además de las fiestas clandestinas o espectáculos masivos. En paralelo, tenemos el ingreso de las nuevas variantes. Al incrementarse la circulación, se incrementaron muchísimo los casos de nuevas variantes, que afectaron principalmente a la población que no estaba siendo vacunada. Por lo tanto, es la población más expuesta. La población mayor ya está prácticamente vacunada en un 80 por ciento, no se está exponiendo al virus y tal vez se está cuidando más. Lo importante es que, pese a la vacunación, hay que seguir con los protocolos, no aglomerarse, usar correctamente el tapabocas, mantener la distancia. Y estar atentos a las nuevas variantes, en especial de la Delta, que ojalá no llegue. Hay que tomar conciencia, pese a las aperturas, hay que seguir cuidándonos. Y mientras tanto, que sigan llegando las vacunas a este ritmo, que es lo más importante.