Alejandro Andam

Un estudio revela qué edad tienen y cómo sobreviven las personas que viven en la calle

Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Son, en su mayoría, varones. Están solos. Tienen entre 24 y 45 años. Sobreviven a base de changas, cartoneo y pidiendo monedas. Más de la mitad no tiene ninguna ayuda del Estado. Sufren síntomas de depresión y, a falta de chequeos médicos, desconocen su estado de salud general. Y prefieren dormir en la calle antes que en cualquiera de los paradores del gobierno porteño, por temor a robos o situaciones de violencia. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires realizado a partir de 200 entrevistas a personas que viven en las calles de la Ciudad traza un diagnóstico complejo de uno de los sectores más vulnerables de la sociedad.

El 75% vive en la calle hace más de un año y la mitad hace más de cinco.Prefieren dormir en la calle antes que en los paradores por temor a robos o situaciones de violencia.

Según el último censo realizado por diversas organizaciones sociales, previo a la pandemia, en Buenos Aires hay 7.251 personas en situación de calle efectiva. 641 personas en el parador Retiro (gestionado por el gobierno de la Ciudad) y 1.340 en establecimientos conveniados con el Estado. Para la Ciudad, en cambio, son apenas 1.147.

Como sea, más allá de los números, la realidad se revela con dureza día a día en cada rincón de la capital, ahí donde la crisis económica muestra su consecuencia más brutal. La investigación, a cargo del Observatorio de Innovación Social de la Facultad de Ciencias Económicas, integrado por investigadores del Conicet, cubrió cerca del 60 por ciento de los barrios (San Telmo, Congreso, Núñez, Caballito, Belgrano, Parque Patricios, Balvanera, Flores y Constitución) con 200 encuestas estratificadas por género y edad.

Según explicaron desde el Observatorio, el estudio surgió por la falta de estadísticas generales sobre este grupo social y se orientó a profundizar el análisis sobre la salud física y mental de los entrevistados, su nivel educativo, empleo, situación habitacional y las actividades económicas y sociales a las que se dedican. Con los datos obtenidos hasta el 31 de mayo, presentaron el trabajo “Hacia un abordaje integral de la gente en riesgo de calle”, donde revelan que la mitad de las personas encuestadas tiene entre 24 y 45 años y son en su mayoría del género masculino (68,95%). Un amplio porcentaje (el 75%) vive en la calle hace más de un año y la mitad hace más de cinco años.

Los investigadores de la UBA lograron confirmar un secreto a voces: el 85% de los encuestados prefiere dormir en las calles, antes que en algún parador de la Ciudad debido a los robos y a la violencia que se vive en esos establecimientos. Las principales fuentes de ingreso son el cartoneo, las actividades de recolección junto con las “changas” y el pedido de monedas. El 54% de las personas entrevistadas no percibe ningún tipo de subsidio.

Las principales fuentes de ingreso son el cartoneo y la recolección junto con las “changas” y el pedido de monedas. El 54% no percibe ningún tipo de subsidio.

En cuanto a sus relaciones sociales, se observó que cerca de la mitad de los encuestados se encuentra viviendo en las calles sin compañía y sin contacto alguno con su familia. Más del 80% demostró tener síntomas claros de depresión, como hacerse daño a sí mismos o a otros y consumir drogas de manera frecuente, en su mayoría desde hace más de 10 años. En relación a su salud física, el 70% desconoce su estado de salud general, mientras que el 25% padece de alguna limitación física, en general discapacidades motoras. Sin embargo, muchos de los entrevistados manifestaron que evitan acercarse a los centros médicos.

“Esta realidad da cuenta de que la problemática no se reduce a ‘vivir en la calle’ exclusivamente debido al déficit habitacional y/o la falta de empleo. Factores psicosociales y de salud orgánica y mental, así como la falta de vínculos familiares y de perspectivas de futuro son claros determinantes de la situación en que se encuentran”, argumentaron desde el Observatorio de Innovación Social. “Como un primer paso, la lógica y funciones de los paradores en las principales ciudades del país como la Ciudad de Buenos Aires debe ser repensada de modo de responder de manera efectiva a las necesidades de las personas involucradas”, señalaron.