Regresan los micros de larga distancia a Retiro y Dellepiane corre el riesgo de volver a ser una terminal fantasma

Por Demián Verduga. Diario Z

La terminal de ómnibus de Retiro está cerrada desde hace nueve meses. Dejó de prestar servicio para que pudieran realizarse una serie de obras. Las refacciones incluían arreglar los baños, pulir los pisos y reparar  escaleras mecánicas, entre otras tareas. Ahora, desde este miércoles 30 de junio, reabre sus puertas y a partir del jueves volverá a recibir el transporte de media y larga distancia.  

El volumen habitual de movimiento de Retiro en épocas pico era de unas 40.000 pasajeros diarios, 2.000 micros por día, uno por minuto, en promedio. Como todo ocurrió en el marco de la pandemia de Covid-19, el movimiento ya se encontraba reducido por las restricciones a la circulación antes de que comenzaran los trabajos.  

Cuando se inauguró, la idea era que terminal de Dellepiane recibiera alrededor de 800 servicios por día. Nunca superó los 10 hasta el cierre de Retiro, cuando ascendió a 50.

Durante estos meses hubo otra terminal que se utilizó para el transporte de pasajeros, la Dellepiane, en Bajo Flores. La historia de esta terminal está cubierta por una bruma en que las sospechas van desde la inoperancia hasta la corrupción.

Se comenzó a construir durante el gobierno del expresidente Mauricio Macri. La obra costó 30 millones de dólares y finalizó a fines del año 2016. El predio tiene un total de 40 mil metros cuadrados. El edificio tiene 47 dársenas para estacionar los micros y 57 boleterías.

La empresa que ganó la licitación para construirla fue Terminales Terrestres Argentinas (TTA). Son los mismos dueños que de la Terminal Buenos Aires (TEBA), que tienen la concesión de Retiro desde 1993. Su titular es el empresario Néstor Otero.

El predio en el que se construyó Dellepiane era del Gobierno de la Ciudad. Se lo cedió a la empresa TTA por 18 años. A cambio, la firma debía construir la terminal. Una vez pasados estos años, la empresa podrá comprar el predio, según el contrato, por 5% de su valor original y quedárselo.

Una vez que se cumplan los 18 años de concesión, la empresa que construyó la terminal podrá comprar el predio a la Ciudad por el 5% de su valor, según el contrato.

Toda esta operatoria es lo que en su momento levantó sospechas sobre que el verdadero objetivo del proyecto era un negocio inmobiliario, una forma de que Otero se quedara con todos esos metros cuadrados.

Hay otros datos. Antes de la pandemia, por esta terminal pasaban un máximo de 10 micros por día. Cuando se inauguró, en marzo de 2017,  su objetivo era que cerca de la mitad del tráfico de Retiro, se mudara a la nueva terminal. Nunca se llegó siquiera al 10 por ciento de esta meta. Entre las explicaciones que se esgrimen está que las empresas de micro no quieren trabajar en esa estación porque es más difícil llegar por la falta de transporte público en los alrededores.      

A partir del cierre de Retiro hace 9 meses, la terminal de Bajo Flores  incrementó su movimiento diario a entre 40 y 50 ómnibus. Está lejísimos del objetivo planteado cuando se concesionó, que apuntaba a 800 servicios por día y 700.000 personas al mes. Sin embargo, es un poco más de movimiento de los 10 micros diarios que recibía antes del cierre de Retiro.

Ahora que la histórica terminal reabre sus puertas, ¿volverá Dellepaine a ser una especie de Elefante Blanco de transporte de pasajeros?