Gabriel Brener, pedagogo: “No se le puede pedir normalidad a la escuela en tiempos de excepción”

Por Demián Verduga. Diario Z

“Tenemos que repensar los contenidos curriculares y las evaluaciones para la pospandemia. Hay que diseñarlos por ciclos porque nada va a ser fácil”. Esta es una de las definiciones que hizo Gabriel Brener en esta entrevista con Diario Z. Brener es licenciado en Ciencias de la Educación, especialista en gestión  y conducción del sistema educativo, profesor de primaria en la Escuela Normal 4 y docente de la cátedra de Didáctica General del profesorado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. También es coautor, entre otros libros, de  “La escuela inquieta. Explorando nuevas versiones de la enseñanza y del aprendizaje”.

Brener analizó el impacto de la pandemia en la proceso educativo, en los alumnos, los docentes, los padres, la sociedad, y advirtió: “Hay que sacarle romanticismo al momento en que se pueda retomar una presencialidad escolar normal. Las secuelas de este proceso son muchas y hay que preparar a toda la comunidad educativa para poder amortiguarlas”.

En un pantallazo general, ¿cómo evalúa lo que ha pasado durante este año y medio de pandemia en el área educativa?  

La relación entre la educación y la pandemia es conflictiva y cambiante. Tendríamos que dividir el proceso en dos tiempos. El primero fue a partir de marzo de 2020. Hubo que frenar de golpe. Todos quedamos en offside. La incertidumbre era muy grande, mucha angustia. No se podía poner un marco y no había expectativa respecto de contar con una vacuna. En este segundo tiempo, el 2021, apareció la vacuna, pero siguió la incertidumbre. Hay dolor por la pérdida de seres queridos y temor por posibles nuevas cepas del virus.

¿Cuánto cambió la situación del año pasado a este?

Seguimos en un tiempo de excepción. No se le puede pedir normalidad a la escuela en tiempos como estos. Esto se volvió más extenso de lo que creíamos. Y ahora el tema de la presencialidad se mezcla con la especulación electoral. Es algo muy dañino. Aparecen falsas opciones, entre presencialidad y virtualidad. La escuela es centralmente un ámbito de cuerpo presente y ese tiene que ser el norte, pero respetando las normas y los criterios epidemiológicos. En tiempos de excepción, hay que poner por delante la situación sanitaria. Las escuelas no cierran, trabajan de modo virtual. Decir que cierran es una gran injusticia con el esfuerzo que han hecho los docentes en todo el país y también en la Ciudad de Buenos Aires.

¿De qué modo afecta a los chicos este modo de relacionarse con la escuela?

Claro que afecta. La falta de contacto físico afecta. Pero tenemos que poder avanzar con las precauciones que establecen los protocolos pactados en el Consejo Federal de Educación. Las falsas opciones meten presión donde hay que quitarla. Estamos en un contexto muy cambiante. Es fundamental ser flexible. Y no confundir eso con flexibilización. El sistema educativo es rígido. No le es fácil la plasticidad. Hay que poder pensar sistemas mixtos, de virtualidad y presencialidad, y que los Estados se hagan garantes del derecho a la educación, que hoy pasa por la conectividad y el acceso a la virtualidad. Estamos en un momento crítico. Las marchas y contramarchas son inevitables. Estamos navegando mientras construimos el barco. Eso es muy difícil para la escuela.

¿Hay diferencia en el impacto que tiene la falta de presencialidad, según las edades de los alumnos o el ciclo en el que están?

Soy educador, pero también papá. Tengo una hija en séptimo grado, un adolescente de quinto año, y un joven universitario…

Todo el espinel…

(Risas). A todos los afecta transitar la escolaridad de esta forma tan cambiante. Para un chico que empieza la primaria, que tiene que comenzar a ejercitarse con la lectoescritura, hacerlo de manera virtual o con presencialidad intermintente es muy complicado. Afecta mucho el vínculo pedagógico. Ni hablemos del nivel inicial donde un chico por ahí ni siquiera está preparado para manejar la tecnología de la virtualidad. Y esto exige mucha presencia de la familia. La afectación sobre los chicos y adolescentes es muy grande. Hay estrés, hay cansancio respecto de vivir en la pantalla. El cambio de nivel inicial al primario y del primario al secundario en este contexto es muy complejo. Hay un impacto en la subjetividad, pero también en la de los docentes. Los maestros vienen bancando la continuidad pedagógica con un gran esfuerzo. Por eso es tan injusto que muchas personas digan livianamente “cuando vuelvan las clases”. Porque nunca dejó de haber clases. Y habría que reconocérselo a la docencia. No sólo bancó la enseñanza, trabajando más horas, sino que financió conectividad para los alumnos con su propio salario. La docencia sostuvo esta continuidad. Hay un informe del Ministerio de Educación Nacional que remarcó que esa docencia es en un 80% femenina. Son las que sostuvieron este proceso.  

Más tarde o más temprano habrá una pospandemia. Y seguramente con secuelas en el terreno pedagógico, ¿cómo abordar ese momento?

Para ser franco, creo que hay que sacarle romanticismo al momento que se pueda volver a una presencialidad más habitual, ahora es intermitente. Me parece que idealizar ese momento tiene que ver con cierto desconocimiento del territorio. Hay que prepararse para acompañar el dolor social que produjo la pandemia, las personas que perdieron seres queridos, la profundización de la desigualdad. Un ejemplo: en la crisis de fines de 2001, la escuela siguió siendo el lugar donde se amortiguó lo que había pasado, mucho tiempo más que ese diciembre. Es como una inundación, el agua en algún momento se retira y la escuela funciona como espacio para amortiguar las consecuencias. Me parece que muchas familias, durante esta pandemia, comprendieron de más cerca el enorme esfuerzo que implica la docencia. Tenemos que pensar cómo acompañamos a las escuelas para que contengan las consecuencias subjetivas de esta pandemia cuando ya haya pasado. Ese es el tercer tiempo de este proceso.

Es probable que también haya desfasajes con los objetivos de aprendizaje que se plantearían en una situación normal, ¿qué hacer con eso?  

Tenemos que volver a pensar la enseñanza y la evaluación de forma ciclada. Tenemos que planificar un aprendizaje de la primera fase de la escuela primaria. Los contenidos y objetivos tenemos que pensarlos de ese modo. No se trata sólo de agrupar el 2020 con el 2021. Hay que repensar los diseños curriculares, que son la norma pública que orienta los contenidos que se dan en las escuelas. Este es un desafío del Ministerio de Educación nacional y de sus pares en los distritos. Hacer un diseño de currícula y  evaluación  que contenga objetivos por ciclo y no por grado o año.  

La semana pasada, la OMS, junto con Unicef, hicieron una recomendación para que los países no vuelvan a la suspensión de las clases presenciales para enfrentar el Covid. Alegaron un daño muy fuerte sobre los niños y adolescentes, ¿qué opina de ese pedido?

Insisto con ser flexible. A veces hay que retroceder un paso para poder avanzar dos después. Tenemos que apostar a un regreso a la presencialidad normal, pero hay un acuerdo de parámetros epidemiológicos, por ejemplo basado en la ocupación de camas de terapia intensiva. Habrá que ir navegando en esa situación. Me parece que es una de esas recomendaciones del tipo “armémonos y vayan”. Hay quienes determinan sus recomendaciones sentados en oficinas individuales y trabajando por zoom. Y no conocen el territorio. Pasó con el fallo de la Corte Suprema sobre la presencialidad en la Ciudad. Dieron por zoom la indicación de que la población tenía que volver a las escuelas. Todos estamos cansados de la pandemia, pero no podemos dejar de ser responsables.