Arnaldo Dubin, intensivista: “El único modo de retrasar la circulación de la cepa Delta es limitar el ingreso de viajeros”

Demián Verduga. Diario Z.

El médico intensivista Arnaldo Dubin se transformó en una figura pública cuando encabezó una comitiva de profesionales de esa especialidad que se reunió con el presidente Alberto Fernández. Corría el año 2020 y Dubin visitó la Casa Rosada. Le solicitó al mandatario que continuaran las medidas de restricción para evitar el desborde del sistema sanitario y acercó los reclamos por las condiciones de trabajo de los intensivistas.  

En esta entrevista con Diario Z, el miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI) analizó la actual evolución del Covid-19: la baja de casos, el avance de la vacunación, la situación de los hospitales, los riesgos de las nuevas cepas. También descargó duras críticas para los sectores que cuestionan las políticas sanitarias. “Es inaceptable que se haga una campaña en contra de limitar el ingreso de las personas que vienen del exterior. Ese es el único modo de retrasar la circulación comunitaria de la cepa Delta hasta poder vacunar a más personas”, remarcó.      

¿Cómo está la situación actual en las terapias intensivas?

Sin duda está mucho mejor. Hay una situación menos tensa, aunque siguen trabajando porque no sólo se trata de los enfermos de Covid. Uno de los motivos que explica esta mejoría son las medidas de restricción que se tomaron en el mes de mayo. A mi criterio se demoraron. Nosotros veníamos advirtiendo sobre el crecimiento de casos en marzo y abril. Incluso se lo dijimos al presidente. Él nos señaló que no había consenso político para esas medidas. Y era absolutamente cierto. Había un reclamo permanente contra las restricciones. Y luego, una vez que se tomaron, hubo distritos que no aplicaron los controles. De todos modos sirvieron y los casos van bajando día tras día, aunque siguen altos.

¿Qué pasa con la demanda de camas para internación?

De una forma desfasada a la caída de contagios esa demanda también está descendiendo. Y ahora comienza a disminuir el número de muertos. Esto es comprensible porque los pacientes pueden estar mucho tiempo en terapia. La internación por Covid cae de modo considerable. La tensión menguó, pero sigue. Hay que tener en cuenta que venimos de un año y medio de un trabajo descomunal, con un estrés físico y emocional desbordante. Los recursos humanos fueron absolutamente sobrepasados. La fatiga no es sólo una sensación desagradable. Es como salir a correr. Hay un punto en que si se sigue adelante el cuerpo simplemente comienza a dejar de responder. En terapia pasa lo mismo con el trabajo sin descanso.

¿Cuánto le adjudica a la campaña de vacunación de esta baja de casos, de internados y de fallecidos?   

Tiene un rol fundamental. Hay cosas que podemos optimizar. Ahora tenemos un gran flujo de vacunas y hay sectores a los que resulta más difícil llegar. En esto quiero destacar algo que fue central en la pandemia: el protagonismo popular. En los lugares en los que hubo formación de comités de crisis, participación de las organizaciones sociales y barriales, se generaron experiencias extraordinarias. Los ejemplos sobran. En la vacunación también tenemos que impulsar un protagonismo popular y la participación de las organizaciones. Estamos retrasados en vacunar a un personal esencial que son los encargados de los comedores comunitarios. No hay lugar para los argumentos aviesos contra la vacunación. Se han logrado cosas muy importantes. 

¿Qué tanto hay que preocuparse de la variante Delta, teniendo en cuenta de que hay un agotamiento social con las medidas de restricción?

Por supuesto que la gente está agotada.  Y también hay mensajes desde la política que no ayudan. En la Ciudad se plantea un regreso a la presencialidad escolar sin ningún protocolo. Eso es alarmante porque va creando el clima para que nadie se cuide. Yo veo cada vez más gente caminando en las calles sin barbijo. Por un lado el panorama es optimista: los casos cayeron fuertemente, la vacunación avanza muy bien. Eso abre la esperanza de una situación epidemiológica diferente. Se ve la salida. Pero probablemente ocurra luego del invierno. Hasta ese momento hay que cuidarse. El ingreso de la variante Delta es preocupante sobre todo porque es más contagiosa. No se trata de que sea más letal.

Hay varios países con rebrotes fuertes por esta variante…

Lo que estamos viendo en el mundo es que para que las vacunas sean eficaces en cortar la transmisión de Delta hay que tener las dos dosis. Por eso es fundamental retrasar la circulación comunitaria para poder vacunar a más gente. Probablemente sea imposible evitar que en algún momento empiece a circular la Delta. Y la única forma de retrasarla es lo que se está haciendo, limitar el ingreso de viajeros, obligarlos a cumplir las cuarentenas.  Por eso es inaceptable que se critiquen estas medidas.

¿Cómo están ahora los trabajadores de salud, los del área de terapia intensiva? ¿Este descenso de la demanda ha servido para que se recuperen?

Esto es muy importante. Podemos recuperar algo de energía, descansar, alguno se puede tomar vacaciones. Pero en terapia esto no alcanza para recuperarse. Hay varios profesionales que están pensando en no trabajar más en terapia intensiva. Fue una experiencia muy dura y nuestras condiciones de trabajo y sueldos no han mejorado nada. En este último año y medio los trabajadores de salud, los intensivistas quizás más, fueron súper explotados. Para mí el ejemplo paradigmático es que la Ciudad de Buenos Aires no considere la enfermería una actividad profesional sino administrativa. Es inaceptable. El sistema de salud tiene muchas inequidades y es necesario reformular el funcionamiento de varias cosas. Está muy fragmentado.