En crisis como la de Chano, la cuestión “no es decidir con qué le vamos a tirar”, dice el psicoanalista Enrique Carpintero

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

A partir de que un policía baleó en el estómago al cantante de Tan Biónica, Santiago “Chano” Moreno Charpentier, que blandía un cuchillo de pan en plena crisis psicótica, se actualizó el debate en torno a la Ley de Salud Mental y los derechos de los personas afectadas. Entrevistado por Diario Z, Enrique Carpintero, psicoanalista y director de la revista Topía, advierte que “la Ley Nacional de Salud Mental lamentablemente se aplica muy levemente”.

Carpintero dice que faltan los equipos multidisciplinarios que deberían encargarse de abordar crisis como las de Chano. Y lamenta la reducción del debate a cuestiones sobre cómo inmovilizarlo. La reaparición del intento de imponer a las pistolas de electroshock Taser no es un “buen síntoma”.  “Si tenemos a una persona con una crisis, la cuestión no es decidir con qué le vamos a tirar, sino tener un equipo que pueda intervenir”, agrega.

Carpintero destaca un “incremento brutal” de patologías mentales y dice que vivimos “una pandemia de la salud mental. La pandemia no inventó nada, sino que agudiza situaciones previas. Nosotros vemos un predominio de la sintomatología de lo negativo. Depresión, anorexia, bulimia, adicciones, intentos de suicidio, son las patologías que predominan”.

¿Cómo habría que actuar ante una crisis como la de Charpentier? ¿Qué dice la ley de Salud Mental?

Básicamente, la ley propone la desmanicomialización, y ya se ha sacado mucha gente de los manicomios. Pero ojo: hay muchos manicomios privados. Ante una crisis, la intervención tiene que ser multidisciplinaria. Por lo que se sabe del episodio de Chano Charpentier, no fue así. En el 2013 se hizo un protocolo, realizado por profesionales, organismos de DDHH, con participación de la Policía Federal, y firmado por la ministra Nilda Garré. Este protocolo establece ciertos criterios sobre cómo deben intervenir las fuerzas de seguridad ante un caso de estas características. Sin embargo, no todas las provincias adhirieron. Antes de la ley, había una brigada para dementes de la Policía Federal, que actuaba de manera violenta. A partir del protocolo, se busca persuadir a la persona, tomarse todo el tiempo necesario, actuar en la medida que haya peligro para sí mismo o terceros, mantener una distancia de dos brazos… una serie de medidas para tranquilizar al paciente y finalmente reducirlo.

¿Y ante este caso puntual?

Creo que la policía tiene los elementos suficientes como para reducir a una persona que tiene un cuchillo, sin necesidad de pegarle un tiro. Segundo, si el policía necesita usar el arma, no tiene por qué pegarle un tiro en el estómago. Podría haberle disparado en una pierna o un brazo. hay un exceso en la intervención policial.

¿La problemática de la salud mental durante la pandemia se estuvo tomando livianamente?

Sí, sin duda. Pero hay una pandemia en la salud mental. En la Argentina no tenemos datos sobre los suicidios, pero en España hubo un incremento brutal de suicidios sobre todo entre jóvenes y adolescentes. Lo que sí registramos en nuestro país es un aumento de la violencia intrafamiliar y de crisis de salud mental, producto de algo que nos está afectando a todos. La ley está en parte en los papeles, pero también en el trabajo de los profesionales que intentan aplicarla. Hay intereses muy poderosos, empresas farmacéuticas y de medicinas, organizaciones psiquiátricas, que se oponen desde siempre a la aplicación de la normativa. No hay posibilidad de pensar un plan de salud mental si no se pone el eje en el trabajo comunitario, no sólo desde la psiquiatría. Cuando ocurre un episodio como el de Charpentier, se pone otra vez en circulación uno de los mitos históricos, que se remontan a la Edad Media, donde el loco siempre es peligroso. Y entonces se reacciona violentamente y se justifica cualquier cosa. 

Usted habla de una pandemia de la salud mental, ¿cuál era la situación previa?

Violencia familiar, de género, abusos de niños, todas estas problemáticas son previas a la pandemia, pero ahora se agudizaron. El simple hecho de tener que convivir mucho más tiempo en una casa ha generado situaciones muy difíciles. Aumentaron los femicidios, tanto en 2020 como este año, pero también se incrementó la violencia familiar, las crisis de angustia, ataques de pánico, aislamiento, son todas patologías que crecieron durante la pandemia.

Y seguramente haya habido un aumento de la demanda de intervención de las fuerzas públicas…

Seguramente, pero la pregunta es cómo se activan dispositivos que permitan la defensa de los derechos humanos del paciente. Cuando Berni o Bullrich hacen una apología de las Taser, no es un buen síntoma. Una estadística realizada en Estados Unidos, que presentó Amnistía Internacional, muestra que entre 2000 y 2007 hubo 337 personas muertas por las Taser. De ellas, solo 34 portaban armas y sólo 4 eran de fuego. Es decir, el 90% de las personas murieron estando desarmadas. La pistola Taser no es no letal, son menos letales. Si tenemos a una persona con una crisis, la cuestión no es decidir con qué le vamos a tirar, sino cómo tener un equipo que pueda intervenir. Por lo que trascendió, el policía no le tiró a Charpentier para reducirlo, sino para herirlo. Hay que investigarlo. Por eso son importantes los protocolos, no sólo para los momentos de crisis, sino para que haya un trabajo preventivo.

¿Qué explica el incremento de las patologías mentales?

El mundo está viviendo una situación particular como la pandemia. Ahora, la pandemia no inventó nada, sino que agudiza situaciones previas. En todo el planeta se está viviendo un grado tremendo de precarización laboral y de todo tipo. En la Argentina, la mitad de la población es pobre… con todo lo que esto implica, sobre todo en el aspecto emocional y económico. Genera mucha presión en las personas, problemas familiares. Nosotros hablamos de un predominio de la sintomatología de lo negativo, donde empezamos a ver depresión, anorexia, bulimia, adicciones, intentos de suicidio. Esto, evidentemente, es producto de un capitalismo neoliberal donde lo fundamental es obtener ganancia. Es el sálvese quien pueda, se rompen las relaciones sociales, comunitarias. Y por otro lado, lleva a las personas a una sensación de no futuro, no hay posibilidades de armar un proyecto. Esto sucede, por supuesto, en términos generales: hay gente que sí puede hacerlo. La sintomatología que predomina es la violencia destructiva o autodestructiva, la ruptura del lazo social. Por eso es muy importante reconstruir esos lazos, esas relaciones comunitarias.