En terrazas, veredas y balcones, unas 2.000 huertas urbanas producen entre 10 y 15 kilos de verdura por cada m2

Por Demián Verduga. Redacción Z

En los balcones de los departamentos, en las terrazas de los PH, incluso en las ventanas, la generación de huertas en la Ciudad de Buenos Aires es una práctica que crece. Quienes participan de las organizaciones que difunden y hacen una militancia de este ejercicio sostienen que no se trata solo de un tema alimentario. Destacan que es algo que “recrea el vínculo con la naturaleza” y “genera comunidad”.

Según los últimos datos  del programa Pro Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria Argentina (INTA), en la Ciudad hay unas 2.000 huertas comunitarias o en casas. El número, que es previo a la pandemia de Covid-19, es un aproximado porque no hay un registro único y las distintas organizaciones y colectivos que se dedican al tema no cuentan con una base de datos común.

Una de las organizaciones más grandes es el colectivo El Reciclador. Sebastián Brignati es uno de sus coordinadores. Es hijo, además, de Carlos, que fue quien la comenzó hace 12 años con el proyecto al construir una huerta en la terraza de su PH, en Chacarita, en la calle Roseti. Hoy El Reciclador nuclea cerca de 170 personas con distintos proyectos.  “Se trata de generar un alimento sano, seguro y soberano”, le dijo Brignati a Diario Z.

En esta definición apareció un término que los colectivos que se dedican a las huertas urbanas utilizan mucho: soberanía alimentaria. Si se lo trasladara a la política nacional, se trataría de un país que se autoabastece de casi todo lo que consume y no tiene necesidad de importar. En el caso de los huerteros tiene un sentido comparable, aunque no idéntico.

“Nos referimos a que es sano porque no tiene los agrotóxicos de la producción industrial a gran escala. Y en la idea de soberanía también entendemos que los alimentos deben llegar a todos. El modelo del monocultivo de soja con una frontera agropecuaria que se extiende genera un montón de efectos, incluso desplazamiento de personas. La idea de soberanía es un término muy amplio para nosotros. Se trata de motorizar preguntas básicas: qué es alimentarse, cómo lo producimos, cómo vivimos en la Ciudad y de qué manera querríamos vivirla”.

Sebastián Brignati, del colectivo El Reciclador: “Si algo dura dos años envuelto en plástico no es un alimento”.

Según los huerteros que hablaron con este medio, estas huertas urbanas se hacen mayormente utilizando como contenedores materiales que no se pueden reciclar, como las llantas viejas de los autos que las gomerías regalan si alguien las pide. Luego se busca la tierra en los deshechos de las construcciones, ya que cuando se construye un edificio se hacen pozos muy profundos para colocar los cimientos y esa tierra se desperdicia.

“La huerta con la que comenzó mi familia es una terraza de 60 metros cuadrados. Son medidas bastante convencionales”, contó Brignati. “Tenemos compañeros que las arman con macetas en la ventana de un departamento”.

Agustina Miranda no tuvo que llegar tan lejos porque su departamento, en el barrio de Villa Mitre, en un edificio de 12 pisos, tenía un balcón.

“No se trata solo del alimento. Es una experiencia que cultiva la paciencia. Es volver al contacto con la naturaleza y ver cómo todo está conectado.”

Agustina Miranda, de El Reciclador.

“Empecé utilizando los cajones de plástico en los que se transportan los lácteos-le dijo a este medio-. Se encuentran tirados al lado de los contenedores de basura. Cuando uno comienza a participar de estas actividades el ojo se agudiza. Se empiezan a descubrir un montón de elementos tirados que pueden servir. Realmente la huerta la hice con cero pesos. En el fondo de los cajones puse bolsas con agujeros y la tierra la saque de volquetes de obras en construcción”.

Respecto de las semillas, Miranda remarcó que “las vamos compartiendo entre los que ya tienen una huerta armada”.

“No se trata solo del alimento-agregó-. Es una experiencia que cultiva la paciencia. Es volver al contacto con la naturaleza y ver cómo todo está conectado.”

La productividad           

En las propuestas de los colectivos de huertas urbanas subyace un interrogante sobre la capacidad de producción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona debe ingerir unos 400 gramos diarios entre verduras, hortalizas y frutas. Esto implica unos 12 kilos al mes. ¿Es posible garantizar esa cantidad con esta práctica?   

“Nosotros producimos de 10 a 15 kilos de hortalizas al año por metro cuadrado-dijo Brignati-. Lo tenemos medido porque pesamos todas las cosechas. Se puede producir alimento en cualquier espacio. No sería fácil garantizar una producción para cubrir toda la dieta diaria, pero sí comenzar.”

Si por cada metro cuadrado se producen unos 10 kilos por año, con 12 metros se podría garantizar la cantidad que sugiere la OMS por persona. Ante este planteo, el coordinador de El Reciclador respondió: “No es solamente un tema de espacio mínimo. Para poder cubrir toda nuestra dieta con producción de huerta es necesario más espacio porque hay que plantar de forma diversa. No se puede plantar sólo papa o calabaza. La diversidad es lo que regenera el suelo. No es fácil producir todo lo que se consume en la Ciudad dentro del mismo espacio urbano”.

Sin embargo, una de las propuestas de los huerteros es sumar el espacio público. Y especialmente para la producción de fruta, que necesita los árboles, imposibles de plantar en pequeños lugares o en terrazas.

“La huerta colectiva es una puerta de entrada para recrear una vida más comunitaria. No es sólo un tema alimentario.”

Sebastián Brignati, del colectivo El Reciclador.

“Tenemos los costados de las vías del tren, lugares en las plazas, terrenos ociosos -dijo Brignati-. Es una puerta de entrada para recrear una vida más comunitaria. No es sólo un tema alimentario”.

Miranda, por su parte, remarcó: “La verdad que es una práctica que hace muy bien. Y después armé una huerta en la vereda de la misma cuadra del edificio con otras personas. Sembramos unos girasoles hermosos, altísimos, berenjenas. Esa la hicimos con cubiertas que pedimos en una gomería. La FAO y el INTA promueven el uso de este contenedor para la tierra porque es un pasivo ambiental”.

En junio pasado, la legisladora porteña del Frente de Todos Cecilia Segura presentó un proyecto para fomentar la creación de huertas en las veredas. La iniciativa se trabajó de manera conjunta con las organizaciones. En sus fundamentos señala que “los frentistas podrán crear huertas agroecológicas” con la obligación de la manutención. Según, el proyecto, el espacio para transitar o poner los cestos de basura no se vería afectado “porque se harían siguiendo la línea del arbolado”.

La propuesta aún no comenzó el recorrido legislativo.