Buenos Aires pierde bares notables, esta semana cerró el café La Paz

Por Valentina Herraz. Especial para Diario Z

La pandemia fue el tiro de gracia para la supervivencia de los bares notables. Esta semana le tocó despedirse al viejo café La Paz, el de la esquina de Corrientes y Montevideo, refugio por décadas de militantes, poetas, bohemios, amigos, enamorados y solitarios. Entre sus parroquianos más ilustres estuvieron Rodolfo Wash y David Viñas.

Hasta la dictadura militar, cualquier noche, las mesas de La Paz estaban repletas de hombres y mujeres. Algunos lectores ensimismados o enfrascados en sus propios pensamientos. La mayoría entreverados en discusiones apasionadas. Los mozos conocían a muchos por sus nombres. Una florista vendía ramitos de violetas o de dos rosas, rojas, hasta la madrugada.

La Paz era el segundo hogar de profesores, periodistas, estudiantes, psicólogos y poetas, que se tomaban el último café, un jerez, un semillón antes de despedir el día y volver a casa. Algunos lo convirtieron en escenario de sus novelas o de sus poesías.

En el primer piso, los billares también se extendían toda la noche entre el humo de infinitos cigarrillos y las lámparas de luz amarilla.

En los últimos años, La Paz -que abrió en 1944- cambió varias veces de dueño, tratando de adaptarse a una Corrientes que ya poco guarda de los fervores del siglo pasado. Cerró definitivamente esta semana. Va a reabrir, dice el diario Bae, como un lugar de venta de sushi.

Buenos Aires fue una ciudad de cafés, bares y pizzerías. Santuarios privilegiados para cultivar la amistad, la charla y la política. Sitio de encuentro de las más distintas tribus.

Para que el progreso no los atropellara, una ley considera bar notable a los bares, billares o confiterías relacionados con hechos o actividades culturales de significación; aquellos cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorgan un valor propio.

Llegaron a ser 82. Los más antiguos La Biela (el bar más antiguo funcionando desde el año 1850), el Tortoni (segundo más antiguo) y Los 36 Billares, La Giralda -que reabrió esta semana-, el Británico del Parque Lezama, El Federal, Las Violetas y La Academia.

Se pensó que la catalogación los protegería de la máquina de devorar el patrimonio urbano que rediseña todo el tiempo la ciudad de los porteños. No fue así. En los últimos años bajaron la cortina bares notables como American Bar, Café Argos, Café de los Incas, Café Retiro, Clásica y Moderna, Confitería Queen Bess, Confitería Richmond, La Flor de Barracas y La Perla de Once.

​Otros pudieron reabrir luego de cierto tiempo como Plaza Dorrego, Café Tabac, El Preferido de Palermo, Las Violetas, Le Caravelle, London City, Los 36 Billares, Los Galgos, Plaza Café y Victoria.

Cuando se muere un viejo se muere un pueblo, dice un refrán, en alusión a la memoria, a las historias perdidas. Cuando se cierra un bar histórico la ciudad queda más pobre y más triste.