Basura 0: reciclan solo el 3,75% de las 8 toneladas que produce la Ciudad por día

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Entre muchas de las cuestiones que la pandemia puso de relieve, hubo una que pasó un tanto inadvertida. Con la imposibilidad de circular durante el principio de la pandemia, los recuperadores urbanos (cartoneros) estuvieron varios meses sin poder salir a las calles.

El Gobierno de la Ciudad decidió entonces distribuir masivamente en los barrios contenedores verdes, con la idea de que los vecinos separaran la basura reciclable. El resultado fue un fracaso rotundo.

Según la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros, la más grande del sector, entre el 60 y 70% de lo que encuentran en las “campanas verdes” es basura no recuperable, que además contamina al material que sí lo es. Y un dato más. Según reconoce el propio Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana, se recicla apenas el 3,75% de las 8 toneladas de basura diaria que se generan en la Ciudad.

Diez años después de la difusión del slogan “Ciudad Verde”, utilizado por Mauricio Macri cuando era jefe de Gobierno, y de millones invertidos en publicidad, el sistema muestra evidentes falencias: confusión generalizada sobre el uso de los contenedores, poca información sobre cómo deben separarse los residuos y una descarga total de responsabilidad de la política de reciclado en las 12 cooperativas de cartoneros que trabajan en la Ciudad.

Un fracaso que aleja cada vez más el objetivo de la Ley de Basura Cero, votada en 2006, y que revela urgencias sobre el manejo de los residuos, como el insólito intento -en 2018- de poner en agenda la incineración.

“No hay otra forma de solucionar esta situación que no sea fomentando el reciclado para que los vecinos separen, con incentivos para que los cartoneros puedan trabajar en la calle con condiciones dignas. Las cooperativas decimos que la mejor manera de que el residuo reciclable llegue a un centro verde, es trabajando con el vecino, los comerciantes y los encargados de edificios”, explica a Diario Z Francisco Dorbessan, de la cooperativa El Amanecer.

Hoy, el sistema de reciclado funciona en base a una compleja articulación entre las cooperativas, que emplean a unas 6.500 personas, el gobierno y los vecinos. El marco normativo le da un lugar preponderante a los cartoneros, como actores principales del reciclado porteño.

Lo que había nacido como una necesidad allá por la crisis de 2001, luego cobró una dimensión (para entonces) inesperada: un valioso aporte social y ambiental. Cada kilo recuperado por un cartonero, es un kilo menos que se entierra en el CEAMSE, y que a la Ciudad le ahorra millones de pesos.

El círculo que comienza con el material reciclado por los recuperadores urbanos, continúa en los Centros Verdes, donde se recibe el material, se clasifica, se enfarda y se reinserta en la cadena productiva. ¿Cómo se realiza la recolección? Puerta a puerta en la calle, los contenedores verdes, los puntos verdes y los grandes generadores: instituciones que generan mucho volumen, con quienes se coordina una recolección diferenciada.

Dorbessan asegura que, más allá del trabajo de los cartoneros, poco y nada se hace para reforzar las políticas de reciclado. “En general, utilizan lo construido por las cooperativas como política;  por ejemplo, en el Bajo Flores hay una planta en donde se reciben otros residuos reciclables, áridos y poda, pero es mínimo en relación a lo que se genera: lo que hace el gobierno en relación al reciclado no es sustancial, debería ser mucho más”, dice.

“El primer actor involucrado en el reciclado es el vecino y si el vecino no sabe cómo separar, se falla. El gobierno no genera campañas de concientización como debería. Es muy poco lo que se hace por fuera del trabajo de las cooperativas”, agrega.

Que la mayor parte de la basura que los cartoneros encuentran en los puntos verdes no sea reciclable es la muestra más clara de que algo no anda bien. Y no sólo es un problema para las cooperativas: también es un enorme gasto para la Ciudad.

“El gobierno paga un traslado hasta el centro de reciclado y después tiene que pagar otro traslado al CEAMSE, donde termina en un relleno sanitario, lo cual es perjudicial para el ambiente y hace que se colapse el sistema”, señala Dorberssan. “No hay intenciones de modificar la política, eso se ve en el presupuesto: es mucho más lo que se destina a los residuos orgánicos que al sistema de reciclado. Esas son las prioridades del gobierno”, añade.

“El gobierno tiene que cumplir con el pago de un incentivo por el servicio que le brindan a la Ciudad. En general, cumplen con la cuestión macro: ponen los camiones y los centros verdes. También hay mucha presión por parte de las cooperativas para que se cumplan”, advierte Dorbessan. Los problemas, sin embargo, aparecen en las cuestiones más “finas”: problemas en el mantenimiento de los espacios de trabajo y falta de elementos adecuados para trabajar.