Gabriel Brener, pedagogo: “En la escuela hay que retomar el ejercicio de dar y tomar la palabra”

Por Demián Verduga. Redacción Z

El nuevo protocolo sanitario para las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires dejó sin efecto el asilamiento preventivo. Es decir: si un alumno o docente tiene algún síntoma compatible con el Covid-19 tiene que aislarse y realizarse el hisopado. Mientras tanto, el resto de la burbuja, del grado, sigue concurriendo a la escuela. Si el resultado del test es positivo, toda la burbuja pasa al aislamiento por 10 días.  Si resulta negativo las clases presenciales siguen su curso. No es exactamente igual al modo en que se trataba cualquier enfermedad antes de la pandemia, pero es lo más parecido a eso desde marzo de 2020.

El resto de las provincias están aplicando protocolos similares. Es decir que las interrupciones a las clases que había cada vez que alguien tenía fiebre, tos fuerte, y otros síntomas, ya no se producen. Esto implica casi una vuelta a la normalidad total de la presencialidad escolar. Y, al mismo tiempo, una posibilidad de analizar cómo está resultando esa vuelta, cuáles son los primeros efectos que se observa que dejó la pandemia entre los chicos y adolescentes respecto de la escuela.

“En primer término creo que el retorno a la presencialidad, igual que la pandemia, va a acrecentar la desigualdad que la pandemia puso al descubierto. Las diferencias no fueron solo por la experiencia escolar sino fundamentalmente por quienes tenían conectividad y tecnología necesaria para uso escolar”, dijo Gabriel Brener en esta entrevista con Diario Z      

Brener es licenciado en Ciencias de la Educación, especialista en gestión y conducción del sistema educativo, profesor de primaria en la Escuela Normal 4 y docente de la cátedra de Didáctica General del profesorado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es coautor, entre otros libros, de  “La escuela inquieta. Explorando nuevas versiones de la enseñanza y del aprendizaje”.

¿Hay algún aspecto más generalizado que se esté observando en los alumnos en esta vuelta a la presencialidad?  

De todos los grupos de trabajo que tengo con docentes, escuché de manera reiterada que los pibes y las pibas volvieron más silenciosos. Es algo a lo que hay que prestarle atención para analizarlo y poder intervenir. Lo fundamental de aquí en adelante es recomponer el espacio escolar como un lugar de encuentro. Desde todos los gobiernos, el Nacional, los provinciales, el de CABA, el desafío es que las chicas y los chicos que dejaron la escuela retornen. Y eso supone buscar programas y propuestas alternativas. En un país desigual, en el que la secundaria es un problema muy serio hace décadas. Hay niveles importantes de acceso a la escolaridad, pero también de deserción, chicos que no terminan el secundario. Y no es lo mismo lo que ocurre en la Ciudad que en otros distritos. Incluso dentro de la Ciudad no son lo mismo las escuelas del Sur que las del Norte.

Sobre el tema del mayor silencio, ¿cómo se aborda en lo pedagógico?

Hay que recomponer el trabajo en el aula como un espacio activo, sensible, de socialización y aprendizaje con los otros. Dar y tomar la palabra frente a estas situaciones de cierto silencio. Y es muy importante quitarle romanticismo al regreso de los chicos a la escuela. Es un espacio estratégico de construcción de ciudadanía, pero también amortigua el dolor social, en este caso de un año y medio de pandemia. En la escuela aparecen las situaciones que tienen que ver con los efectos de la desigualdad que aumentó la pandemia y también el impacto subjetivo y psicológico. No es sólo en los chicos sino en cómo ha impactado en los docentes. Por eso me parece fundamental un trabajo que tenga que ver con acompañar a las escuelas desde el punto de vista de fortalecer los equipos docentes, acompañar las situaciones críticas que son consecuencia de este padecimiento o dolor social que trae consigo la pandemia.

¿Cuáles serían los dolores subjetivos?

No es sólo el dolor de la perdida de familiares sino la clausura que vivimos para evitar el contagio que supone situaciones de mucha debilidad. En el 2020 la pandemia nos agarró como una frenada en seco. La incertidumbre era absoluta. Este año la incertidumbre se redujo mucho porque avanzó la vacunación que aunque no hubiese una certeza definitiva de cómo y cuándo irían llegando las vacunas brindó un horizonte. Lo que todavía no sabemos bien es qué hizo la pandemia con nosotros. Eso también tiene que ser pensado en términos pedagógicos.

¿Está dimensionada la cantidad de chicos que perdieron contacto con la escuela?

A nivel nacional se calcula cerca de un millón. Pero esta situación puede ser una oportunidad para revisar e impulsar propuestas de integración escolar. Me refiero a los diseños curriculares. Una de las cosas en las que estamos trabajando es pensar la escuela de manera ciclada. A partir de la situación de pandemia, reorganizar las metas de los grados y años en que está organizada la escuela. No pensar los contenidos de primer grado sino de primero a tercero. Porque de esa manera podríamos repensar la evaluación y la promoción por ciclos. Va a ser un paso para recuperar algo de los efectos nocivos que produjo la pandemia y la imposibilidad de cursar regularmente. Y permite flexibilizar un sistema que es muy rígido, en especial el primario y el secundario. Es repensar la curricula, la distribución de los espacios y los tiempos.

Hay distintas ideas como promover clases los sábados o qué hacer en las vacaciones, ¿cómo las ve?

No veo mal que los sistemas educativos se reorganicen a partir de lo que la pandemia nos dejó. Lo que me parece fundamental es no supeditar este tipo de respuestas a las fechas. Muchas veces extender las clases o modificar fechas no impacta en la calidad de la experiencia escolar. Lo que modifica realmente la propuesta escolar es cuando existe una mejora en lo que se hará en ese tiempo adicional. La clave está ahí. Lo que tenemos que atender es que las reorganizaciones de los tiempos tienen que estar en sintonía con la calidad de esos cambios en las propuestas. Lo mismo pienso sobre la cantidad de días escolares. No sería repetir lo mismo en más días sino proponer cosas distintas para que los chicos que no pudieron, puedan. No hay que caer en cuestiones superficiales. Los recesos son necesarios para los estudiantes y los docentes.

¿Cómo se recuperan los chicos que perdieron contacto con las escuelas?

Hay que fortalecer y darle continuidad a las políticas socioeducativas. Tienen que generar propuestas que acompañen las trayectorias escolares a través de talleres artísticos, propuestas recreativas. Clases de apoyo para las materias en las que no se alcanzaron los objetivos, programas de movilidad escolar para garantizar la asistencia. Hay toda una batería de propuestas socioeducativas que tienen que ponerse al servicio de estos chicos. Y reestablecer lazos con otras instituciones de la sociedad civil para acompañar esa vuelta. Para que no regresen sólo a dar el presente. Los que dejaron la escuela lo hicieron porque tuvieron que salir a trabajar o son pibes desencantados con la propuesta escolar. Las políticas socioeducativas permiten fortalecer las trayectorias que se interrumpen. Es una tarea fundamental.