Los 12 arroyos que corren bajo el suelo porteño y el proyecto para desentubar un tramo del Medrano, en Parque Saavedra

Por Franco Spinetta. Especial Diario Z

Buenos Aires podría haber sido otra. Una ciudad atravesada por arroyos de llanura, con bañados, juncos y sauces, puentes grandes y chicos y tal vez cientos de parques alrededor de los meandros. Así lo imaginaron algunos entusiastas que, entre 1880 y 1890, presentaron proyectos para transformar en navegables a los principales cursos de agua que dividían a la flamante capital argentina.

Martín Civeira, que es ingeniero con orientación hidráulica (UBA) colecciona esta y otras historias en el perfil de Instagram Arroyos Libres. Desde allí impulsa el debate por el destino de los arroyos invisibles que corren por debajo de las calles porteñas.

“Los arroyos se barrieron debajo de la alfombra hace 70 años y mucha gente estaba agradecida. Eso duró hasta que la Ciudad volvió a inundarse. Ahí reapareció el tema y la discusión: parece que no deberíamos haberlos entubado”, dice a Diario Z

¿La Ciudad se prepara para una desentubación masiva? Probablemente, no. Se trata de obras muy costosas que, más allá de la belleza urbana que aportan, acarrean una larga lista de conflictos: comerciantes y vecinos que deberían desplazarse y muchos años de negociaciones para resolver esos cambios. Sin embargo, hay señales de que podría tomarse un camino intermedio: la desentubación parcial de arroyos en lugares con menor nivel de complejidad. Recientemente, el gobierno porteño recibió un crédito del Banco Mundial para desentubar un tramo del arroyo Medrano, sobre el Parque Saavedra.

El llamado a la presentación de anteproyectos despertó preocupación y rechazo entre los vecinos del barrio, que en 2013 sufrió una grave inundación. “La iniciativa es interesante, se han hecho cosas parecidas en otros lados. El problema que le veo al proyecto del Medrano es que no hubo una comunicación oficial. Si los vecinos se enteran por los diarios que le vas a traer el arroyo otra vez a la vista… es difícil”, apunta Civeira, que conversó con Diario Z sobre el tema.

¿Es viable desentubar el resto de los arroyos?

Luego de que los arroyos fueran entubados, se construyó muchísimo sobre el valle de inundación. Se podrían desentubar, pero tenés que tener en cuenta la contaminación de los cursos de agua, que es realmente importante, y que tendrías que expropiar una gran cantidad de viviendas. Los vecinos no van a estar muy contentos. En todos los proyectos de desentubamiento del mundo, se incluye a los vecinos.

Más allá del descontento, ¿qué le parece el proyecto en sí?

La iniciativa es interesante, se han hecho cosas parecidas en otros lados. En nuestro perfil de Instagram hicimos un post sobre un río que se reconstruyó en un parque del sur de Londres, que funcionó muy bien, no se inundaron más. Les mejoró la vida. Ahí se habló con los vecinos, incluso se hicieron expropiaciones, que fue muy trabajoso. Tardaron más de una década. Acá, al tratarse del Parque Saavedra, tal vez es más fácil porque no hay que expropiar ninguna casa. Es importante que sea un proceso participativo. Esto tarda varios años, hay que explicar bien las cosas, convocar a los vecinos de Saavedra para que estén al tanto. Recién el año que viene se va a hacer un estudio de impacto ambiental, no es que se van a levantar un día y van a tener la retroexcavadora en el parque.

¿Es una obra necesaria?

Es un tema marginal, claramente. Tenemos 200 casos en el mundo frente a miles y miles de arroyos que siguen entubados. Y por más que estamos en Buenos Aires, sigue siendo el Tercer Mundo. La mitad del país es pobre. Teniendo en cuenta todo esto, el proyecto del arroyo Medrano puede andar, incluso para prevenir las inundaciones porque están proyectando una depresión del nivel del parque para hacer unos cuencos, como se hizo en el Parque Sarmiento y detrás del shopping Dot. El ante-proyecto contempla esta situación porque al haber entubado el arroyo, se le quitaron todos los meandros que desaceleran la bajada del agua. Hoy es un tobogán, donde el agua baja a toda velocidad. Por eso es importante hacer obras que frenen y retengan el agua. Por supuesto, la gente tiene razón en preocuparse porque esto suena a que cuando llueva, el parque se va a inundar. Tal vez tengamos que convivir con el agua dos o tres días al año, pero debería ser soportable.

¿Qué otros arroyos se podrían desentubar?

En Lugano, en Soldati, en el Parque de la Ciudad, en el Indoamericano, se podría desentubar el Cildañez. Es un lugar lindo. Donde estaba la ESMA, la continuación de García del Río se llama Comodoro Martín Rivadavia, que se usa de estacionamiento. Es una avenida espectacular que termina en Lugones con una verja. Ahí debajo está el Medrano y es un lugar espectacular para armar algo de contemplación. Es un lugar que además no sería conflictivo. Más allá de todo esto, está buenísimo que este tema esté en agenda.

Buenos Aires tiene una pésima distribución y disposición de espacios verdes por habitante, ¿la decisión de entubar los arroyos empeoró esa situación?

Sin duda. Si dejabas el camino de sirga… a ver, estamos hablando de tomarnos la máquina del tiempo, al momento en que Buenos Aires empezó a crecer, cuando se convirtió en capital y se juntaron los pueblos de Belgrano y Flores, en 1888. En ese momento había proyectos para hacer canales en el Medrano, dejando espacio en los márgenes. Había unos proyectos a fines del siglo XIX muy interesantes, incluso de hacerlos navegables, con esclusas. Tal vez tenían algunos problemas técnicos porque estos arroyos son de llanura, cuando llueve se cargan mucho y estos proyectos tenían dificultades para prevenir las inundaciones. Wenceslao Villafañe y un ingeniero francés planteaban que las iniciativas sería financiadas por privados. Le pedían al Estado el cobro de la tarifa de los barcos que pasaban. A los 5 años, se quedaban con 75% y el 25% iría al Estado. Era muy novedoso, el gobierno no tenía que poner un peso.

La Ciudad hubiese sido otra.

¡Sí! Totalmente.

¿Cuántos arroyos hay debajo de las calles porteñas?

Hay tres grandes: Cildañez, Maldonado y Medrano, que cruzan la General Paz. Después podríamos contar el Vega, que está en Belgrano, que siempre se inundaba a la altura de Blanco de Encalada. Hay otra serie de arroyos chiquitos, de 3 o 4 kilómetros, que desembocan en el Riachuelo o el Río de la Plata. Tenemos uno en Costa Salguero, el Ugarteche. Los arroyos del radio antiguo, debajo del casco céntrico de la Ciudad. Hay otro entre el Vega y el Medrano, que es el arroyo White. Y el Raggio, que pasa a Vicente López. Es una docena de arroyos.

¿Son arroyos que están “funcionando” hoy en día?

Sí, aunque sólo los advertimos cuando hay inundaciones porque las alcantarillas no llegan a desagotar, el conducto se completa por exceso de agua o por basura. Esto requiere mantenimiento, en algún momento se pensó que enterrarlos era como olvidarse del problema. Se creía que las obras iban a aguantar las lluvias de 100 años. Pero eso no pasa más, las lluvias que se pronosticaban como realmente excepcionales, las tenés cada 10 años. Hacer una obra proyectando una lluvia histórica, representa muchísima plata. Los únicos que lo hicieron fueron los japoneses, debajo de Tokyo hay reservorios de agua que tienen hasta 10 pisos. Hicieron el “no se inunda más” en serio. Pero ni siquiera ellos saben si realmente aguantará una lluvia histórica. Por eso, con las obras de entubamiento, hay que ser claros: fueron pensadas en base a cálculos de probabilidad, que pueden fallar porque estamos viviendo un cambio climático. Si llueve 100 milímetros en una hora, no hay obra que aguante.

¿Por qué están contaminados los arroyos entubados?

En teoría, los desagües pluviales corren por separado de los cloacales. Es decir, toda el agua de lluvia debería desembocar en los arroyos. Pero hay conexiones clandestinas, fábricas de textiles y pozos ciegos. No es nada fácil de descontaminar. La macana es que este tipo de proyectos se pueden meter en la grieta. Si el gobierno no sale a explicar el proyecto, se les puede convertir en un problema.

Hubo un profundo descuido de todos los cursos de agua.

Sí, al Río de la Plata le dimos para que tenga. La pandemia nos ha demostrado que se puede regenerar un poco, pero hay que darle tiempo. No se puede volver al lugar en el que estábamos, porque no hay forma de recuperarlo.