Arbolado porteño: mitos y verdades

Por Demián Verduga. Redacción Z

El arquitecto y urbanista Pablo Engelman le dijo a Diario Z: “Buenos Aires es una ciudad que goza de bastante buena salud de paisaje urbano y de vegetación en términos urbanos”.

Es una premisa para abordar un tema complejo en cualquier ciudad de las dimensiones de la CABA, con una densidad de población muy alta por kilómetro cuadrado. Es clave la relación con el verde, la naturaleza, con la necesidad de absorción del dióxido de carbono en una selva de cemento.

Buenas Aires tiene, según los datos del Gobierno de la Ciudad, 430 mil árboles plantados. Implican 35 en cada una de las 12 mil manzanas que tiene la Capital o casi 9 por cuadra. Por supuesto que esta cuenta sólo sirve para dimensionar lo nutrido del  arbolado. Hay zonas, plazas, que concentran muchos más vegetación que otras. A esta cifra, el gobierno de la Ciudad le agregará 16 mil más del Plan Maestro de Arbolado.

Hay un mapeo muy preciso de los árboles porteños. Puede consultarse en la página del área de medio ambiente del Ejecutivo local. En avenida Corrientes del 3000 al 6000 hay Fresno Americano y Plátano básicamente. Cada árbol está registrado con una dirección muy precisa. Hay un plátano al 3358 de Corrientes que tiene su vecino-de la misma especie-al 3366.  

 “La Ciudad tiene heredado un sistema de arbolado muy noble-remarcó Engelman-. Se pueden criticar ciertas especies, pero en términos generales está muy bien. Hay grandes exponentes, como por ejemplo en avenida Pedro Goyena o Luis María Campos”.

“El problema más común es que las raíces rompen los caños pluviales, las baldosas, a veces los caños de teléfono y los de electricidad. Es un tema para trabajar”.

Pablo Engelman, arquitecto y urbanista.

El arquitecto sostuvo que aunque la CABA cuenta con esta “tradición positiva” podría “ser mejor”. “En una ciudad donde se hacen tantos metros cuadrados de vereda, no está claro el espacio del árbol y de los peatones. Son cosas que habría que mejorar mucho”.

“El problema más común-agregó el urbanista- es que las raíces rompen los caños pluviales, las baldosas, a veces los caños de teléfono y los de electricidad. Es un tema para trabajar. El perímetro de los árboles debería  tener un soporte diseñado o borde diseñado para resistirlo”.

Juan Manuel Sierra también es arquitecto, con un posgrado en arquitectura del paisaje. Coincidió con Engelman en la primera evaluación sobre el arbolado porteño, al considerar que hay una tradición “positiva”.

“Son el amortiguador entre los edificios y el espacio público. Un ejemplo claro son las calles de Once, que no tienen casi árboles. El ambiente es mucho más frío.

“Hay una tendencia que en lo técnico es correcta y que en Buenos Aires se respeta bastante. Es plantar una misma especie de árbol en una calle. Eso es fundamental por los anchos de las veredas y por la poda. Cada especie tiene momentos distintos del año en que es mejor podarla y con cuidados diferentes”. “La diversidad es buena en las plazas, no en las veredas”, remató.

El nuevo plan

El nuevo Plan de Forestación del Gobierno de la Ciudad apunta a sembrar 16 mil nuevos árboles. Uno de los ejes que propone, además de la reforestación de espacios públicos como el Parque Avellaneda, es la utilización de “especies autóctonas”, como los álamos.

Al respecto, Engelman remarcó: “Hay que plantearse de qué se habla cuando se dice que hay que plantar especies autóctonas. No estamos en un territorio virgen. ¿Qué es lo autóctono? Es en realidad una reinterpretación actual de cuestiones que sucedieron en otro tiempo. No las podría definir como autóctonas hoy. Lo fueron  en su momento y ya no. Es una postura. No es que esté mal usarlas, pero no es una bandera”.  

“Un árbol por sí solo simplemente cumple una función simbólica o estética. A nivel urbano lo importante es que cumpla una función sistémica, que no sean operaciones puntuales porque se trata de generar ecosistemas”.

Juan Manuel Sierra, arquitecto y paisajista.

Sierra insistió con la importancia de abordarlo de manera “sistémico”. “Un árbol por sí solo, simplemente cumple una función simbólica o estética. A nivel urbano lo importante es que cumpla una función sistémica. Eso lo  transforma en una intervención de escala urbana y no decorativa”.

“Es fundamental que no sean operaciones puntuales-remarcó-. Porque se trata de generar ecosistemas. Un jardín vertical al costado de una autopista no está mal, pero debería replicarse con cierto ritmo”.

El mito de los plátanos

Cuando llega el otoño, en mes de marzo, las hojas de los árboles comienzan a vestir las veredas de la ciudad. Y hay un árbol en especial, que abunda en las calles porteñas, que suelta una  pelusa. Es el plátano. En ese momento del año los transeúntes que sufren alergia, por ejemplo, suelen despotricar contra la especie que fue traída en el siglo IXX.

Los especialistas que hablaron con Diario Z tuvieron una visión mucho más benévola sobre el servicio que los plátanos le prestan a los porteños.  

El plátano fue una especie que se trajo en el siglo IXX.

“Es un árbol que crece de modo uniforme, absorbe muchísimo dióxido de carbono por la corteza  y las raíces que tiene-dijo Sierra-. Por eso cada vez que se ve un plátano hay una vereda levantada. Es cierto que después llega ese momento del año en que suelta las pelusas y produce alergia, pero la película completa es que tiene muchas ventajas y los beneficios son mayores que las molestias”.

Para Engelman, cuando se decidió importar la especie “nadie le prestaba tanta atención al tema de las alergias. La expectativa de vida era mucho más corta y había otras enfermedades. Hay que poner la decisión en contexto. Fue un tema cultural del momento”.

El arquitecto destacó que “la especie en términos de fisonomía se adaptó muy bien, más allá de los residuos que genera”.

Por último, y más allá de destacar la “herencia positiva” de la Ciudad respecto del arbolado, ambos arquitectos señalaron aspectos que consideran que habría que mejorar.  

“Lo que falta es un poco de vegetación de escala intermedia, del tamaño del arbusto-dijo Sierra-. Es lo que carece el material vegetal en la Ciudad. Esa dimensión intermedia genera otra cercanía con los habitantes. El tema es que también requiere de espacio en las veredas”. Engelman insistió con “mejorar la relación entre el árbol y el suelo. Me parece que esto es clave”.