Alejandro Amor: “Se llaman libertarios, pero bajan jubilaciones y salarios, y echan empleados públicos”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“El resultado electoral fue muy claro y nos obliga a escuchar y reflexionar sobre lo que tenemos que hacer”, dice Alejandro Amor, cabeza de lista para la Legislatura porteña por el Frente de Todos. Luego de las PASO, el gobierno nacional se sumergió en una serie de cambios y de turbulencias que expusieron las fortalezas y debilidades del armado del FdT. En ese marco, la Ciudad de Buenos Aires vuelve a erigirse en el Everest del peronismo porteño y en una suerte de laboratorio de experiencias electorales de derecha.

Amor analiza el escenario y concluye que, por cuestiones lógicas, la Ciudad es la “caja de resonancia de las conflictividades nacionales”, donde además convive una identidad porteña que demanda políticas locales. “Es natural que haya una campaña nacional en la cabeza de Leandro Santoro y de Gisela Marziotta, mientras que Victoria Montenegro y yo -que somos candidatos a legisladores- nos enfoquemos más en la Ciudad”, dice a Diario Z.

Sin quitarle el cuerpo a la discusión, Amor plantea sumar también en el “debate nacional”, algo que suelen hacer los candidatos del oficialismo porteño confrontando con el gobierno nacional para ganar espacio en la arena mediática. En ese juego de doble rol, el ex defensor del Pueblo de la Ciudad -renunció para participar de estas elecciones-, exige a su espacio levantar la bandera de la “defensa del trabajo formal y la necesidad de convertir el trabajo informal en formal”, en respuesta a la propuesta de Vamos Juntos de impulsar la eliminación de las indemnizaciones. “Tenemos la necesidad de reconocer a la economía popular como trabajo, sostenerla, apoyarla junto a los movimientos sociales. Y también fomentar la creación de empleo. Es la demanda que tiene la sociedad argentina hoy”, explica.

¿Qué se puede aportar desde el ámbito legislativo?

Propongo la creación por ley del Consejo Económico y Social, donde participen todos los sectores, de cara a la sociedad: el sector del trabajo, la economía popular, PYMES y grandes empresas, el gobierno. Ahí hay que plantear acuerdos de corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, no podemos seguir sosteniendo una política de planes sociales, que son una circunstancia necesaria para un determinado momento, pero el objetivo es que ese plan se convierta en trabajo. Lo cierto es que esa persona necesita integrarse a través del mercado laboral. No podemos tener 40% de pobreza. Ahí también hay que discutir precios, tienen que sentarse todos los sectores para decir qué van a aportar para mejorar los salarios y, al mismo tiempo, controlar los precios.

Pensando en la situación de la Ciudad, ¿cómo pueden impactar esas medidas?

Van a impactar de manera directa. Si reconvertimos los planes en trabajo, si logramos acuerdos con el sector empresario. Hay que gritar menos y sentarse a trabajar. Lo que la gente quiere es que les solucionemos los problemas.

Desde esa mirada, ¿cuáles son los principales problemas de la Ciudad? ¿Se reflejan en el debate legislativo?

La sociedad de la Ciudad de Buenos Aires viene votando desde hace muchos años a una fuerza política que tiene una mirada, un modelo. Hay que reconocerlo. Ahora, nosotros tenemos otra idea. La sociedad hoy ha puesto a la salud como un tema central, no sólo por la pandemia. También hay otros temas centrales: el problema de los alquileres y el acceso a la vivienda. Más de 700 mil personas alquilan en la Ciudad, bajo una ley que hay que corregir y mejorar porque tiene problemas.

¿Por qué?

Porque la aplicación de la ley muchas veces dista de lo imaginado al momento de hacerla, entonces hay que corregirla y mejorarla.

¿Cuáles son los problemas de esa ley?

Se estableció que los alquileres son por tres años para una vivienda. Ahora, por el costado tenés un problema creciente: los alquileres temporales. El portal más conocido es AirBnB. Estos alquileres rompen lo que buscaba la ley: una forma de equilibrio, entre el propietario y el inquilino. No porque haya mala intención del propietario, no pensemos en alguien que tiene 200 departamentos, sino en alguien que heredó un departamento de dos ambientes y lo alquila como un complemento de sus ingresos. Mayoritariamente es esa situación. Esas 700 mil personas necesitan una intervención del Estado que no sea castigando al propietario, sino un marco de equilibrio, de intervención sana y responsable, buscando un acuerdo para cerrar el contrato. Ahora, si se deja un espacio abierto para los contratos temporarios, que tienen una base de moneda extranjera, se rompe el equilibrio entre propietario e inquilino porque al firmar el contrato ya se acuerda la salida. El inquilino queda en absoluta debilidad.

¿Cómo se soluciona?

El Estado de la Ciudad debe regular los contratos de alquiler temporarios. Y lo debe hacer porque al tener como base moneda extranjera, esos alquileres disparan hacia arriba al resto de los inmuebles. Además, hace que quienes alquilaban por tres años, saquen de la oferta a ese departamento y lo ofrezcan en el mercado temporario, que es más rentable. Esto está pasando. Por otro lado, tenemos que construir viviendas sociales y establecer líneas de crédito. ¿Se puede hacer? Claro que sí. Nosotros creemos que debe haber crédito del Banco Ciudad y del IVC para la clase media y en especial para los jóvenes para que puedan acceder a su primera vivienda. 

¿De dónde podrían salir los recursos?

Por ejemplo, de AUSA, que recauda en efectivo todos los días. Es una garantía para asignar recursos y subsidiar la tasa de los créditos. Hay que cambiar el destino de los fondos. Se gastaron en cuestiones superfluas, por eso nosotros proponemos un cambio y atender la demanda de la gente. No podemos seguir teniendo en la Ciudad personas en situación de calle.

Lo que se ve en la Legislatura es el tratamiento de proyectos que no van en esa dirección. Costa Salguero, Costa Urbana, convenios urbanísticos para construir torres sin destino social.

Se está consolidando un modelo que no va para ese lado. Estamos en un proceso en el cual se vende tierra pública para la construcción de inmuebles destinados al mercado privado, sin ninguna lógica. Se habilitaron departamentos de 21 m2… Tampoco se está teniendo en cuenta la planificación ambiental, en una ciudad que carece de espacios verdes. Costa Salguero es el mejor ejemplo. Ahí hay 46 hectáreas. Nosotros planteamos un desafío: un acuerdo entre el gobierno nacional y la Ciudad para hacer un parque público. Nosotros le vamos a proponer a la Nación que ayude en esta propuesta. ¿Por qué vamos a construir viviendas que van a valer 10 mil dólares el m2? ¿Está destinado a personas que tienen problemas para comprar inmuebles? Claramente no. Está planificado construir hasta un helipuerto… Se está planificando algo que está fuera de lo que la Ciudad necesita. Lo mismo pasa en el resto de los emprendimientos. ¿Está bien que haya construcciones? Sí, dentro de un nuevo Código Urbanístico y una nueva planificación, con la participación de todos los actores, sobre todo respetando los patrimonios culturales e históricos de Buenos Aires. Hay que respetar el patrimonio histórico, las características de los barrios.

Sin embargo, el oficialismo porteño viene ganando elecciones desde 2007 proponiendo exactamente lo contrario, ¿dónde cree que está la falencia de la oposición para dar vuelta esta situación?

Tenemos que entender, como fuerza política, que la Ciudad de Buenos Aires es la caja de resonancia de la conflictividad política nacional. También es una ciudad con vida propia, entonces tenemos que acostumbrarnos a convivir y tener políticas propias. Cuando llevás adelante tres mil viviendas en la Ciudad desde el plan PROCREAR o cuando se hacen mejoras en la UBA, son políticas nacionales aplicadas en Buenos Aires. Tenemos que explicar mejor lo que está pasando, por ejemplo, el impacto de la construcción desordenada, sin planificación, que afecta la provisión normal de luz, agua, gas o cloacas. Tenemos que explicar que necesitamos una sociedad planificada y no librada a la suerte del mercado porque la consecuencia es esta: se saturan los sistemas, nos quedamos sin luz y sin agua. Además, tenemos otro problema: jamás se subió tanto el ABL como en los últimos años. Esto impacta de lleno: el 25% de las dos millones 200 mil personas que viven en departamentos no están pagando las expensas. Entre la luz, que te la cortan, y las expensas, pagás la luz. Jamás sucedió esto. ¿En cuánto influye el ABL en el presupuesto? Es el 9% de todo lo que se recauda. Hoy se podría establecer un subsidio del 50% del ABL durante dos años para que la gente regularice sus deudas. Se puede hacer. Los Ingresos Brutos sostienen la recaudación.

¿Por qué cree que la Ciudad es el epicentro del crecimiento de la derecha argentina?

Fenómenos como este se están dando en todo el mundo. Son fenómenos que se dan en la sociedad. Hay que explicar bien quiénes son, a quiénes representan y de dónde vienen. Ninguna de estas personas apareció caminando de la nada hace una semana. Son personas, como Javier Milei, que ha trabajado con el represor Bussi. Son personas que se sienten cómodas trabajando con ex funcionarios que redujeron las jubilaciones, pensiones y salarios estatales. Son personas que se sienten cómodas con exministros que quisieron imponer el arancelamiento universitario, por el que hasta Franja Morada salió a la calle para enfrentar a López Murphy. Esto son, hay que ponerlo en claro. Ellos dicen que son antisistema, pero son la justificación del sistema para volver a bajar las jubilaciones, imponer el arancelamiento universitario; se dicen libertarios, pero no defienden la libertad porque la libertad es el eje central por la lucha de la humanidad. El peronismo ha sido el defensor de la libertad, de la incorporación de los trabajadores, de las mujeres y de todos los derechos que se consagraron después. Ellos se llaman libertarios, pero defienden la condena social, bajando jubilaciones, salarios, echando empleados públicos. Eso son ellos.