Marcela Czarny: “Las redes sociales y las empresas desarrollan estrategias para tener a los pibes cada vez más enganchados”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Internet y, en especial, las redes sociales ocupan un lugar central en la vida de las personas. La pandemia exacerbó esa relación hasta límites insospechados. En esta evolución de la revolución digital, los adolescentes fueron absorbidos por un frondoso bosque de pantallas y aplicaciones que combinan el uso recreativo, compulsivo y -ahora- educativo.

De hecho, un 75% de los adolescentes consultados considera que ha utilizado más la tecnología durante la segunda ola del coronavirus, en relación con el año pasado, mientras que 37% está conectado de 9 a 12 horas por día, mayoritariamente para tareas escolares, con más uso de la computadora y de Zoom, Meet o Classroom.

Cuatro de cada diez adolescentes está más de 9 horas frente a una pantalla aunque manifiesten que están cansados de esa exposición.

Los datos surgen de un informe realizado por Chicos.net LAB -un observatorio del vínculo de niños, niñas, adolescentes y jóvenes con el ecosistema digital- junto a Youniversal, consultora regional especializada en investigación y tendencias. El objetivo fue analizar las experiencias vividas por adolescentes de entre 13 y 18 años, de sectores medios y sectores populares del AMBA, durante la segunda ola de la pandemia.

A pesar de los abrumadores datos, Marcela Czarny, presidenta de Chicos.net, una organización fundada en 1998 para el cumplimiento de los derechos del niño en Internet, destaca un hallazgo de la investigación: 4 de cada 10 manifestaron cansancio y saturación por la exposición a las pantallas, y hasta empezaron a diseñar estrategias para no usarlas.

No pensemos tanto en la cantidad de horas frente a las pantallas, sino en qué se hace y quién elige: ¿elegís vos o el algoritmo de la red social de la que no te podés desprender?

Para Czarny el desafío es, ante todo, educativo. “En este momento y frente a la revolución que vivió la sociedad, no podemos pensar tanto en la cantidad de horas frente a las pantallas, sino en qué se hace y quién elige: ¿elegís vos o el algoritmo de la red social de la que no te podés desprender?”, plantea.

Frente a esta situación, la educación crítica en el uso de medios digitales y la difusión de herramientas para evitar el uso abusivo-compulsivo de las redes sociales, se revela como crucial.

De hecho, un estudio publicado por la British Medicinal Journal detectó un crecimiento de tics nerviosos entre los más jóvenes y lo asocia directamente con el consumo abusivo de las redes. A esto se le suma la reciente denuncia de una ex empleada de Facebook, Frances Haugen. Luego de renunciar, Haugen se llevó consigo una serie de documentos que probarían que Facebook trabaja con algoritmos que alientan la discordia, que sus herramientas están diseñadas para crear dependencia y aumentar el consumo y, lo más preocupante, que saben que los contenidos -especialmente en Instagram- llevan al 13% de las adolescentes a tener pensamientos suicidas y anorexia.

La autoridad de los responsables de la crianza no se pierde aunque sepan menos de dispositivos tecnológicos o apps que los chicos. Lo que pasa es que no se meten.

La denuncia de Haugen pone otra vez en debate el acceso a información privada de los usuarios, la propagación de modelos de belleza, éxito, y la imposibilidad de muchos jóvenes de hacer un uso crítico de las redes sociales.

Sí, no minimizamos la situación y tampoco minimizamos las revelaciones. Esto muestra cómo las redes sociales, y las empresas tecnológicas, desarrollan estrategias para tener a los pibes cada vez más enganchados. Es un tema grave. De esto se tienen que ocupar las empresas y los Estados. Las empresas pueden tener algo de responsabilidad social, pero hasta que alguien no les diga que ciertas cosas no se pueden hacer… el problema es que Internet, y las empresas, fueron los grandes admirados, los ídolos. Cuando nos damos cuenta de que estamos todos metidos ahí, de la enorme cantidad de datos que les damos, y que el modelo de negocios es cómo hacer para que estemos cada vez más tiempo en las plataformas… ahí está el problema.

¿Quién lo puede limitar?

Recién ahora se está hablando de esto. ¿Quién es responsable? Las empresas, ni hablar; el Estado, por supuesto; y el sistema educativo también porque es un contenido que no podemos dejar de dar. Hablamos de la educación crítica en medios digitales, que tiene que ver con que seas vos quien elige: cuándo apagar y cuándo desconectar, qué hacer y qué no y que no sea el algoritmo el que elige por vos.

¿Qué pasó durante la pandemia?

Chicos.net tiene más de 20 años de historia. Desde hace por lo menos 15 hacemos estudios sobre la relación de los chicos con los entornos digitales. Cuando comenzó la pandemia, esto explotó. En el 2020 hicimos un estudio sobre la interacción con los dispositivos, en las distintas áreas de su vida: educación, familia, amigos, cómo se conectaban entre ellos. Fue muy interesante, lo más rico de todo fue la parte cualitativa, las diferencias que encontramos entre quienes tenían y quienes no tenían acceso a conectividad. Los chicos que tenían que subirse a una terraza para colgarse del wifi del vecino y los chicos con conectividad, buena o mala.

¿Se exacerbó esa desigualdad?

Sí y de un modo impresionante. Todos nos dimos cuenta de que el Estado no estuvo atento a esto. Los chicos de las villas están en la lona. Este año, desde Chicos.net LAB encaramos pequeños sondeos para hacer una continuación del gran estudio del 2020, con especial interés sobre el aislamiento, la soledad, los que no pudieron sostener la educación.

¿Con qué se encontraron?

Un hastío generalizado del Zoom y la posibilidad de gestionar los tiempos que pasan en Internet. Eso fue novedoso. Hasta el año pasado, era lo indiscriminado, los padres se quejaban del tiempo frente a las pantallas. Esto es algo incipiente, no quiere decir que puedan o sepan hacerlo. Pero hay una intención de regular el tiempo y poner algunos límites: no llevarse el celular a la cama, salir a jugar al aire libre.

Esto se ve más como una intención, pero no como una realidad. ¿El tiempo frente a las pantallas se mantiene?

No sólo se mantiene, sino que aumenta. Pero nosotros tratamos de sacar el foco de la cantidad de tiempo. Hay que entender que en pandemia, y post pandemia, hay muchas actividades que se llevan a cabo en Internet. Las clases son híbridas, entonces no hay opción. Muchas cosas cambiaron, actividades que antes eran presenciales, ahora son virtuales y se mantendrán así. Por ejemplo, terapia, cursos, talleres. Nosotros entendemos que, en este momento y frente a la revolución que vivió la sociedad, no podemos pensar tanto en la cantidad de horas, sino en qué se hace y quién elige: ¿elegís vos o el algoritmo de la red social de la que no te podés desprender?

¿Hay que diferenciar entre los tipos de uso?

Sí, pero una cosa es el uso recreativo y otra cosa, el uso vicioso. Hay usos recreativos inteligentes con juegos de estrategia que exigen habilidades cognitivas, pero también hay juegos de muy mala calidad, que consisten en matar a otros. Es un abanico más florido que “recreación vs academia”.

Si los chicos están sintiendo que tienen que regular el tiempo frente a las pantallas, ¿cómo se hacen de las herramientas para tomar esa decisión?

Nosotros tenemos una frase: la autoridad de los responsables de la crianza, no se pierde aun si sabés menos de dispositivos tecnológicos o de las apps que los chicos. Lo que pasa en general es que los adultos no se meten porque no saben o les compran un celular porque se lo piden todo el tiempo. ¿Cómo se ayuda a los chicos? El adulto es responsable, es así. ¿Qué quiere decir? Hay que acompañar, no controlar, discutir el para qué, hacerlos entrar en contradicción, generar discusiones en la mesa, estimular el uso de las redes para fines más productivos, más ricos. Hay personas que comparten contenido interesante a través de las redes. Internet no existió siempre, hay que desnaturalizar el mundo de las redes, desmenuzarlo y tratar de entenderlo: por qué seguimos a tal o cual, cómo identificamos las noticias falsas, ¿le ponés like a un contenido violento? Todo esto nos lleva a fomentar un contenido crítico, inteligente, frente a las redes sociales. Insisto en que no tenemos que tenerle miedo al tiempo en pantalla porque ya está, los dispositivos están entre nosotros.

Este es un desafío que atraviesa a toda la sociedad y revela el aspecto crucial de la educación. Sin embargo, el sistema educativo se encuentra bastardeado. ¿Hay forma de recuperar ese lugar?

Nosotros tenemos otra frase: los chicos y chicas vulnerables, en Internet y en las redes sociales, son los mismos vulnerables que afuera. Esto quiere decir que no tienen el acompañamiento, el capital cultural, para afrontar esto. La educación crítica en medios digitales es educación en valores, sociedad y ciudadanía. Cuando hablamos del bullying no podemos separarlo de la violencia que hay en la sociedad, por eso es interesante contextuar. Lo mismo pasa con el cyberbullying. La educación falló muchísimo en la pandemia. Fue muy duro. En las escuelas privadas y algunas públicas con más recursos, enseguida se armaron. Pero hubo muchos que perdieron contacto con las escuelas en los sectores más vulnerables. Los adolescentes quedaron desprotegidos.

¿Cuáles son los principales problemas que genera un mal uso de las redes?

Consumo compulsivo y pasivo de las redes, la participación en los contenidos de odio y, como lo confirman las revelaciones de Facebook y nosotros vemos desde hace mucho tiempo, algo que afecta principalmente a las mujeres: los contenidos en Instagram u otras redes que muestran un mundo perfecto, mientras vos te sentís cada vez más disminuido. A las chicas les afecta su visión del cuerpo, algo que genera problemas de aceptación, depresión, incluso anorexia.

No es un problema nuevo.

No, para nada. Tampoco es un problema de las redes, sino de una sociedad que está ávida de mostrar. De una sociedad todavía muy machista. No es casualidad que las más afectadas sean las mujeres. Las chicas adolescentes, según dice la investigación que se filtró de Facebook, con todos sus cambios corporales, ven en las redes cuerpos perfectos… Eso es la red social, pero también una sociedad que está estimulando a pibas adolescentes para que se muestren, sobre-erotizadas y sobresexualizadas. No se ven casi varones. El gran problema son las chicas. Entonces, ¿en qué avanzamos? Todas esas chicas tal vez hablan con “e”, pero después exponen su cuerpo en las redes. Es la antítesis. Y las que no lo muestran, se sienten mal porque no lo hacen. Tenemos que trabajar esto en sociedad, es muy amplio. Hay que presionar a Facebook e Instagram para que tomen medidas, trabajar en conjunto, discutir. Por el momento, ellos toman medidas “como si”, por ejemplo, la opción para sacar voluntariamente los “likes”. En el medio, nos enteramos que retienen investigaciones sobre el impacto de lo que sucede con los usuarios de las redes.