“Los niños y adolescentes son más hijos del celular que de las familias”, afirma el psicoanalista César Hazaki

Por Demián Verduga. Redacción Z

Mientras se viaja en el subterráneo, cuando hay que esperar por una consulta médica, caminando por la vereda, en medio de un almuerzo familiar. En casi todas las situaciones que puede vivir una persona en esta época, sea un adulto, adolescente o niño, está mirando su teléfono celular. Por eso César Hazaki define a estas máquinas que producen fascinación  como “prótesis”. “Son parte de nuestro cuerpo. Es como tocarse el pelo.”

Es una cultura construida por los adultos, no por los pibes. Los dueños de las grandes empresas tecnológicas son adultos.

Hazaki es psicoanalista y editor de Topia, la revista de cultura y psicoanálisis. Ha estudiado la relación de las tecnologías y sus efectos en la subjetividad en Modo Cyborg. Niños, adolescentes y familias en un mundo virtual. “Las máquinas, especialmente el celular con pantalla, son prótesis adosadas al cuerpo”, subraya Hazaki en esta entrevista con Diario Z.

“No es una herramienta, no es un instrumento. Es un maridaje entre el cuerpo humano y la máquina. Hay una tendencia adictiva porque es lo que trae el mundo a nuestras manos. Es un enamoramiento. El escritor y científico británico Arthur Clarke decía que todo avance tecnológico no se puede desligar de la magia. El teléfono con pantalla y el internet crearon esa magia”.

Las máquinas, especialmente el celular con pantalla, no son herramientas, son prótesis adosadas al cuerpo. Hay una tendencia adictiva porque traen el mundo a nuestras manos.

Hace no tantos años la idea de un teléfono con imágenes era ciencia ficción…

Así es. Estos dispositivos generan algo adictivo porque tanto los momentos de aburrimiento como de necesidad se canalizan a través de ellos.

¿Cómo es el impacto de estas “prótesis” en las generaciones más jóvenes, los adolescentes y niños que ya nacieron con esto?

Hay cambios culturales y familiares que construyen una subjetividad de época. Los llamados millennials son hijos de esta cultura. De todos modos, las sociedades son productoras de niños, en general tienden a hacer grupos de niños y adolescentes de acuerdo con las necesidades de los adultos. En algún punto los millennials, los niños y adolescentes de hoy, son más hijos del celular que de la familia.

¿Qué quiere decir eso?

Si uno va a un restaurante y hay cuatro personas, dos adultos y dos chicos, muchas veces está cada uno mirando su celular. Hoy en una casa, si es muy grande, la familia se manda un whatsapp para reunirse a comer. Es un mundo de mucho amor por el encierro con la maquinita. Si un chico se crió en este ambiente, genera cierta subjetividad. Pero es una cultura construida por los adultos, no por los pibes. Los dueños de las grandes empresas tecnológicas son adultos.

¿Hay algún rasgo generalizado de esta nueva subjetividad?  

Cada persona es diferente. Pero sí hay algunos aspectos más generales. Por un lado está la fragilidad emocional. Si durante cuatro horas no nos contesta una persona que nos importa, empieza a generarse angustia. La famosa frase: me clavó el visto. Eso tiene mucho de “no me quiere”. Esta velocidad arrastra a que haga falta una suerte de respuesta instantánea. Yo aprieto el botoncito y tiene que venir algo inmediato. Ni hablemos de lo que produce en los vínculos amorosos o en los grupos de amigos. Una chica o chico enamorados, si durante mucho tiempo no les contestan, siente el rechazo. Produce, digamos, fragilidad narcisista.

Si durante cuatro horas no nos contesta alguien que nos importa, empieza a generarse angustia. La famosa frase: me clavó el visto. Se perdió la capacidad de esperar. Todo es inmediato.

Se está más expuesto a las respuestas…

Así es. Y si yo estoy muy pendiente todo el día de que me contesten enseguida, voy a estar siempre en un subibaja. Si me contestan estoy bien y si no me deprimo. En otra época se deshojaba la margarita. Y tenía más opciones: me quiere mucho, poco y nada. Ahora solo hay dos opciones. Hay estudios sociales en países asiáticos que indican que en algunos grupos de adolescentes al que no contesta al toque los sacan. Entonces los pibes se van a bañar con el celular por si tienen que contestar. Todos necesitamos que nos quieran. El tema es que se ha perdido la capacidad de espera. Antes, bien o mal, había que entrenar la capacidad de espera para manejar la frustración. Ahora que todo es instantáneo, no hay capacidad de esperar.

César Hazaki es psicoanalista y autor de varios libros.

Esta necesidad de contestación inmediata, ¿incrementa los cuadros de ansiedad?

Lo que sabemos a nivel mundial, y no tiene que ver sólo con la máquina, es que aumentó la depresión adolescente, el suicidio adolescente, el suicidio en niños y la psiquiatrización de los niños, con los remedios para la atención. Antes se los llamaba chicos hiperkinéticos. Y es una paradoja, por un lado esta cultura hace apurar a todo el mundo, para todo, pero luego los chicos son medicados porque no aprenden. Son males de época. Tienen que ver con la cultura en la que vivimos y las máquinas, las empresas que manejan las máquinas, generan situaciones para que los chicos queden presos de ansiedades muy primarias. Está lleno de juegos en la que los chicos van avanzando hasta un punto en el que para seguir tiene que comprarse algún elemento y deben pagar.

Aumentaron la depresión, el suicidio y la psiquiatrización de niños y adolescentes. Las empresas generan situaciones para que los chicos queden presos de ansiedades muy primarias.

Durante los 18 meses de pandemia, aislamiento y suspensión de clases, hubo cuadros de depresión entre adolescentes y niños. ¿Eso mostró los límites de las máquinas para satisfacerlos?

En los adolescentes, en especial de clase media, porque en los sectores populares era más difícil hacer la cuarentena, lo que apareció en un primer momento fue un tema de decir: genial, no voy más a la escuela. No hay clases. Me voy a dedicar a jugar con mis amigos por internet. Fue como un jubileo. Es una fantasía típica, no ir más a la escuela. Sin embargo, el encierro fue saturando esta idea de un mundo maravilloso. Se empezó a extrañar el contacto con el otro. Hubo un pasaje de un gran entusiasmo con las prótesis hasta llegar a cierta decepción. Hubo una baja en el enamoramiento con las prótesis. Hoy se ve a los chicos volver contentos a la escuela.

¿Por qué producen adicción las imágenes?

La ilusión de la isla de la felicidad, la prótesis la trae de inmediato. Por primera vez hay una máquina que reúne estudio, trabajo y entretenimiento. Todo está en esa maquinita que entra en la palma de la mano. Antes estaba más repartido. El mundo ha cambiado y las empresas que dirigen esto tienen la ambición de gobernar la economía, lo social y lo subjetivo. Por eso aparecen todo el tiempo nichos, consumidores cada vez más pequeños.  Ahora en los celulares hay publicidad para chicos de ocho años.

Antes había otros rituales para el pasaje de ser niños a ser adolescentes. Ahora se produce cuando tienen su propio celular. Y uno de los motivos es el temor a que estén en la calle.

Específicamente en los niños, ¿cuál es el impacto de estos hábitos?

Lo primero que aparece es la demanda de tener un celular. Antes había otros rituales para el pasaje de ser niños a ser adolescentes. Ahora se produce cuando tienen su propio celular. Y uno de los motivos por el que los padres se los otorgan es por el temor a la calle. En la medida en que el espacio social, el cuerpo a cuerpo, es supuestamente un peligro, aumenta la idea de que las máquinas dan seguridad. Entonces la solución pasa a ser que cada chico tenga su celular. Es un modo de control. Impide que los chicos tengan más autonomía. Antes, cuando los pibes iban a jugar a la pelota, había varias horas en las que no estaban bajo el control de los padres. Ahora, si un chico llega un poco más tarde y tiene apagado el teléfono se piensa que lo mataron o lo secuestraron.

Si los chicos están mirando su celular, los padres también. Eso produce que se vayan minando los vínculos. Los vínculos familiares están mediatizados por las máquinas.

¿Cambian los vínculos familiares con las “prótesis”?

Volvamos a la escena del almuerzo. Si los chicos están mirando su celular, los padres también. Eso produce que se vayan minando los vínculos. Un hábito previo a la pandemia, en sectores de clase media, era que cada uno comía en su habitación o en un lugar distinto de la casa, rodeados de cámaras y pantallas, celular, computadora, televisor. Los vínculos familiares están mediatizados por las máquinas.

¿Cuál es motivo por el que se relaciona a estas tecnologías con la propagación de los discursos de odio?

Las empresas no tienen ningún interés en una regulación. Reclaman supuestamente libertad de expresión. Pero un punto clave es que se fraccionan los grupos, se segmenta a las personas. Y a cada grupo se le vende lo que le interesa.

Hay grupos de odio de todo tipo. Se organizan a través de internet, entre otras cosas porque las empresas los estimulan y aprovechan, tienen segmentadas las personalidades y las van arrimando.

El racismo, el odio al diferente, no sería nada nuevo en la condición humana, ¿qué es lo que se agregan o modifican estas máquinas?

Lo que hace es estimularlo y aprovecharlo. Hay grupos de odio de todo tipo. Se organizan a través de internet, entre otras cosas porque las empresas tienen segmentadas las personalidades y las van arrimando. En Facebook es muy habitual la oferta de “personas que quizás conozcas”, que en realidad es gente que tiene alguna afinidad entre sí.

Antes dijo que se ha perdido un poco el enamoramiento con estos aparatos, ¿cree que seguirá ese proceso?

Todo enamoramiento en algún momento decae. Todavía hay fascinación. Para que eso se quiebre tiene que haber varias crisis de distinto tipo. Pero no hay nada que garantice que de esas crisis surja algo mejor.