En la Ciudad hay tantas casas vacías como las que se necesitan para cubrir el déficit habitacional

Casi una de cada 10 viviendas de la Ciudad de Buenos Aires permanece vacía. Los datos surgen de un estudio oficial, que reveló que la mayoría de las casas vacías están en Puerto Madero, Palermo y Recoleta. Esto pone en evidencia la correlación entre la vivienda ociosa y el precio del m2.

La investigación indica que la cantidad de casas sin habitar es equivalente al déficit habitacional, que es del 11,6 por ciento de los hogares. Además, unas 300.000 personas residen en villas y asentamientos y, otras 7.500 viven en la calle. A la vez, un 35 por ciento de las familias pagan alquiler -al que destinan una porción importante de sus ingresos.

El informe fue elaborado por la Mesa de estudio de viviendas vacías, integrada por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad y organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Centro de Estudios Legales y Sociales, el Centro de Estudios Económicos y Urbanos, La Boca Resiste y Propone, así como por representantes de la Defensoría del Pueblo y del Ministerio Público de la Defensa local.

Según explicaron a Télam sus autores, para definir la cantidad de casas vacías se modificó la metodología de estudio, que tenía como antecedente el Censo del 2010. Entonces se informó un 24 por ciento de viviendas sin habitantes en base a la cantidad de hogares visitados donde los encuestadores no obtuvieron respuesta o no fueron atendidos.

En esta oportunidad, se tomó la información provista por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad sobre usuarios residenciales cubiertos por las empresas de energía Edenor y Edesur en el período de febrero de 2017 a febrero de 2018.

Las comunas con menos viviendas vacías son la 8 -los barrios de Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano- y la 4 -los barrios de La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya.

Se consideró casas vacías a “aquellos inmuebles de tipo residencial que registren un consumo eléctrico anual inferior al mínimo indispensable considerado para su uso permanente”.

“Este corte determinó una tasa de vacancia del 9,2 por ciento de los usuarios residenciales, unas 138.328 viviendas vacías”, precisa el reporte, que indica además que “la distribución espacial muestra una concentración en el corredor norte en términos absolutos”.

Las comunas con más viviendas vacías son la Comuna 1, que abarca a Puerto Madero y Retiro, donde el promedio trepa al 13,3 por ciento; la Comuna 2, de Recoleta, con 10 por ciento; y la Comuna 14, de Palermo.

Las comunas con menos viviendas vacías son la 8 -que comprende los barrios de los barrios de Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano- y la 4 integrada por La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya.

“Si bien estos números deben ser tomados de manera provisoria, permite dimensionar la problemática de la vivienda ociosa en la Ciudad. Junto a esta, y teniendo en cuenta el déficit habitacional existente, se vuelve necesario pensar en políticas para incorporar estas viviendas al stock de viviendas disponible”, concluyó el estudio a modo de recomendación.

Al respecto, Felipe Mesel, abogado del programa Derecho a la Ciudad de la ACIJ, quien participó de la Mesa, señaló a Télam que existe “una obligación del Estado de regular el mercado de viviendas ociosas” que quedó establecido en la Constitución porteña en el artículo 31 que refiere al capítulo sobre Hábitat.

La norma sostiene que “la Ciudad reconoce el derecho a una vivienda digna y a un hábitat adecuado” y para ello “auspicia la incorporación de los inmuebles ociosos”, entre otras acciones.

Respecto de la tasa del 9,2% de casas sin gente, Mesel advirtió que “a veces se argumenta que son viviendas que quedaron con sucesiones pendientes o son consultorios, pero la realidad es que cuando se ve donde están ubicadas, evidentemente, ello obedece a cierta dinámica del mercado del suelo“.

“Ahí se ve una correlación entre el precio del m2 y mantener vacíos los inmuebles” -apuntó-. “Hay una dinámica especulativa en la medida en que se reservan esos inmuebles o se dejan por fuera del mercado para especular con un aumento de precios futuro y después ponerlo en el mercado con un precio aumentado, lo que genera un efecto muy dañino en la población inquilina”.

Fuente: Valeria Azerrat. Télam