Basta de Demoler: “Están tirando abajo Buenos Aires para construir otra cosa, que no se sabe bien qué es”

Por Franco Spinetta

Algo está pasando en Buenos Aires. Carteles que anuncian demoliciones de viejas esquinas, lugares que supieron ser puntos de referencia: algún almacén, el bar de un gallego protestón, la casa de alguien reconocido en el barrio, un lugar de encuentro de generaciones. Morelos 435, Caballito. Vidal y Olazábal, Belgrano. Campana al 3200, Villa del Parque. Son algunas de las direcciones que dejarán de ser lo que eran. Edificios que, sólo este año y a modo de ejemplo entre muchos otros casos, cayeron en manos de la voracidad constructora en la Ciudad.

Cientos de organizaciones barriales preocupadas por esta situación, decidieron aunar esfuerzos y unificaron la protesta el sábado 30 de octubre, con una movilizarán hasta la Legislatura porteña bajo el lema “Se va Buenos Aires”. De esta manera, intentan llamar la atención sobre un proceso que no es nuevo, pero que parece haberse acelerado con la puesta en marcha del nuevo Código Urbanístico que habilitó la construcción de torres en los barrios y la celebración de “convenios” para autorizar más altura a cambio de dinero.

Mauro Sbarbati, referente de la ONG Basta de Demoler, una de las principales organizaciones de defensa del patrimonio de CABA y promotora de la movilización, asegura que la gente “está explotando” frente al avance sobre el “patrimonio de proximidad”. Sbarbati denuncia que la industria está decidiendo cómo deben vivir los vecinos de la Ciudad, sin siquiera darles participación. Y que en ese avasallamiento, se llevan puesto todo, incluido el patrimonio. “Si se cumpliese la legislación, antes de cada demolición alguien (por ejemplo el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales) debería decidir democráticamente qué se conserva y qué no. El problema central es que no se abre la participación de los vecinos, entonces los que deciden están vinculados a la industria misma”, explica a Diario Z.

¿Qué es lo que sucede en la Ciudad como para que motive esta movilización?
La situación es bastante crítica. Históricamente, nunca hubo leyes de protección del patrimonio cultural y arquitectónico. La industria inmobiliaria y de la construcción son muy fuertes, tienen el poder necesario para hacer lo que quieran. Entonces fueron resolviendo cómo tiene que vivir la gente en los barrios, sin que la gente pueda decidir sobre su entorno. Lo que sucede, desde hace décadas, es que hay un montón de demoliciones de edificios importantes y valiosos, pero los tiran abajo sin preguntarse qué había ahí. Uno de los casos que incentivó la creación de Basta de Demoler sucedió en 2007, con la demolición del Banco Español, que ahora es la torre del Banco Galicia. Solamente dejaron las paredes y los huecos de las ventanas, en el centro hicieron una torre de edificios vidriada. Nadie se pronunció en contra. Lo paradójico es que se sigue construyendo en la ciudad como si estuviéramos en 1940, según los dogmas de la arquitectura moderna, pero en el pleno Siglo XXI y con una pandemia mediante, ese paradigma de ciudad está roto y no existe más. Esa torre del Galicia, para la cual tiraron un edificio patrimonial, tuvo 15 años de vida útil y hoy está vacía: ¿quién va a esas oficinas del microcentro porteño? No es ni verde, ni sustentable.

Aparte de los grandes edificios con patrimonio histórico y cultural, existen otros inmuebles que tal vez no tengan ese valor patrimonial, pero sí un valor simbólico que representa a otros momentos de Buenos Aires.
Claro, a nosotros nos preocupa eso que se llama “patrimonio de proximidad”. El Congreso, las Iglesias u otros grandes edificios, están relativamente protegidos. El último caso fue la casa relacionada con un disco de Cerati. Y así hay un montón, de ahí sale el número de los 140 mil inmuebles. Hay que repensar el uso de los recursos para evitar que se tire todo abajo, generando residuos sólidos que después van al relleno del río, para que luego vuelvan a construir otras torres. Es un disparate. Si se cumpliese la legislación, antes de cada demolición alguien (por ejemplo el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales) debería decidir democráticamente qué se conserva y qué no. El problema central es que no se abre la participación de los vecinos, entonces los que deciden están vinculados a la industria misma. Sin embargo, a pesar de las presentaciones judiciales que hemos hecho, llegamos a la conclusión de que en CABA no existe división de poderes: la Justicia responde al Poder Ejecutivo. Es el sultanato de CABA.

¿Qué sucedió con ese catálogo preventivo de 140 mil inmuebles?
De ese catálogo, sólo se eligió con valor patrimonial al 13%, es decir, 18 mil edificios. Y eso lo manda el Ejecutivo al Legislativo para que se apruebe su protección, entonces están en un limbo legal porque esos proyectos de ley pueden y están perdiendo estado parlamentario. Entonces todo cae en un saco roto. El patrimonio es la superficie pintoresca, pero detrás están los muertos por las demoliciones indiscriminadas, la Justicia que no hace nada, la pérdida de calidad de vida de los vecinos y el Código Urbanístico que es nefasto. Desde los 70, lo único que hace el Código es sumar m2, entonces no hay ciudad que aguante, mucho menos el patrimonio. Lo ideal es conservar una ciudad con tres o cuatro pisos, con algunas excepciones. Esto se está pasando de rosca y la gente se empezó a dar cuenta: se vive de una manera muy asfixiante.

Todos los planes que se piensan son para beneficiar a grandes jugadores de la industria de la construcción: incentivos fiscales, exenciones y créditos. Ahora, ¿por qué no se piensan incentivos para que la gente conserve los inmuebles con valor patrimonial?

Mauro Sbarbati, referente de Basta de Demoler

¿Cómo evalúa la paradoja de que se siga impulsando la construcción indiscriminada, pero que a la vez crezca el déficit habitacional?
En cualquier barrio, lo que se construye tiene un valor de 3 mil dólares el m2, entonces no es para la demanda que existe de vivienda. Costa Salguero tiene proyectado el m2 a 10 mil dólares. Entonces, es todo mentira. En el urbanismo todavía se usa la teoría del derrame, se cree que la gentrificación de Palermo derramó hacia los otros barrios. No fue así. Están tirando abajo Buenos Aires para construir otra cosa, que no se sabe bien qué es. Yo creo que se va a parecer mucho a El Cairo. En paralelo, el déficit habitacional no se resuelve.

¿Cómo podría solucionarse?
Redireccionando recursos hacia construcciones más sustentables y planificadas, pensando en la vivienda social.

La “planificación” es un lugar común del urbanismo. Ahora, cuando se dice que la Ciudad no tiene planificación, ¿no será que en realidad tiene una planificación que difiere de las exigencias de las organizaciones barriales?
Sí. Son los paradigmas de la arquitectura moderna: acumular lo máximo posible para ahorrar recursos. Se terminó enajenando la vida humana. No podemos vivir apretados en las torres. Todos los planes que se piensan son para beneficiar a grandes jugadores de la industria de la construcción: incentivos fiscales, exenciones y créditos. Ahora, ¿por qué no se piensan incentivos para que la gente conserve los inmuebles con valor patrimonial? Hace 15 años que pedimos esto. Hay ejemplos alrededor del mundo, en otros lugares se logró evitar que demolieran los edificios con valor patrimonial y construyeron un mercado para eso, que pondera al patrimonio urbano.

¿Por qué en este momento pareciera que se está avanzando sobre muchas casas antiguas en los barrios?
Porque se está aplicando el Código votado en 2018. Eso es lo que preocupa a todas las organizaciones barriales, lo del patrimonio viene después. El problema es que se pueden construir siete pisos en todos lados. Los vecinos de Núñez, Villa Urquiza y Villa Ortúzar están explotando. Por eso aparecen todos estos convenios urbanísticos, que son las antiguas excepciones al Código, que se llevan puesto incluso a edificios catalogados. No podríamos hacer la numeración de los casos porque no llegamos a manejar tanta información, pero hubo por lo menos 20 convenios en un mes. Son más torres, en puntos dispersos de la Ciudad. La gente está estallando y nos llama a nosotros, como si pudiéramos hacer algo…

Es decir, la ola de demoliciones está llegando a barrios donde antes no llegaba.
Claro. En Caballito y Barrio Norte ya no se quejan de las torres, en muchos otros lugares no queda más patrimonio. Pero en otros barrios no habían padecido esto aún, y de repente ven carteles de conjuntos de torres que son tremendas… hay un conjunto sobre Tucumán, que hoy es una cuadra de casas bajas, donde van a hacer una hilera de edificios de siete pisos. Estamos apostando a hacer un golpe publicitario, a ver si podemos lograr algo.

¿Tiene la sensación de que se aceleró un proceso que ya tiene unos cuantos años?
Es sorprendente la falta de transparencia, de republicanismo. No existe la democracia participativa. El diálogo y el consenso es para hacer negocios, pero no para atender a los vecinos. Esto excede al urbanismo.

¿Hacia dónde va Buenos Aires?
Todos estamos perdiendo el derecho a la identidad, a nuestra historia. Y todos vamos a vivir un poco peor. No se está priorizando el espacio público. Están pensando en duplicar la población de tres a seis millones de habitantes, es imposible. Va a ser invivible. No va a ser sustentable ambiental y socialmente. Está todo gobernado por el blanqueo de capitales y la especulación inmobiliaria. Los espacios verdes y las tierras públicas que se están entregando no va a ser posible recuperarlas. Son oportunidades históricas que se pierden. Por eso es importante Costa Salguero.

¿No percibe que en las redes sociales hay cada vez más denuncias sobre demoliciones en los barrios?
Sí, la gente está más atenta. Cuando empezamos éramos muy pocos con este tema. La participación creció muchísimo. Mucha gente siente que se están yendo de mambo y se dan cuenta de que al final disfrutaban del patrimonio. Por ejemplo, lo de Catalina de Siena, que habíamos ganado en el Tribunal Superior de Justicia y una organización internacional lo puso como ejemplo de patrimonio en riesgo, a la altura del centro de Nueva Orleans cuando se inundó o el riesgo del patrimonio en Afganistán por el accionar de los talibanes. Este nivel de destrucción de la Ciudad los iguala a los talibanes, no tengo problemas en decirlo. Nosotros pedimos que el terreno anexo se expropie para hacer una plaza, pero ellos vuelven a presentar un proyecto para hacer un shopping, con subsuelos… ¡Es un edificio de 1745! Está hecho de barro cocido… lo van a arruinar. Quieren hacer una torre de 20 pisos al lado. Venían pasados de mambo, y ahora se están pasando aún más.