Asbesto en el subte: ¿puede afectar la salud de los pasajeros?

Por Demián Verduga. Redacción Z

El asbesto presente en la red de subterráneos de la Ciudad es, hasta cierto punto, un descubrimiento reciente. En el año 2018, la aparición del material cancerígeno en el Metro de Madrid disparó la alarma en Buenos Aires. No muchos años antes, en el 2011, se habían comprado los coches CAF5000 (los que se usan en la línea B) a España. Desde ese momento hasta ahora, la investigación sobre la presencia de este material en toda la red avanzó mucho.

Las patologías asociadas con el asbesto no tienen un vínculo directo con los niveles de exposición. Todo depende de la capacidad inmunológica.

Ariel Rossi, docente de la cátedra de Medicina Legal. Facultad de Medicina (UBA).

La Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) hizo sus propios estudios. Y el impacto del contacto con el material en los trabajadores está claro. Hasta ahora hubo tres fallecidos por cáncer y hay otros 50 operarios con enfermedades relacionadas al asbesto. ¿Cuál es el riesgo para los usuarios? ¿El nivel de exposición de un pasajero promedio implica un peligro para su salud?

Riesgo latente

Ariel Rossi es docente de la cátedra de Medicina Legal y Deontología de la Facultad de Medicina de la (UBA). Y también es representante de la AGTSyP. “Un usuario tiene las mismas posibilidades que un trabajador, en ciertas zonas de la red, de estar en contacto con el asbesto -le dijo Rossi a Diario Z. Por supuesto que no es el mismo nivel de exposición de los operarios que están en contacto con las vías, pero el contacto con el material existe”.

A la hora de explicar en qué momento de un recorrido habitual, los pasajeros podrían estar expuestos al material, el médico explicó: “Los túneles no están desasbestizados. Hay vagones, en líneas como la E, que tampoco. Hay errores que son absurdos. La Ciudad decidió reutilizar, como paseo turístico, los viejos coches de la Línea A, con asientos de madera, a los que no les sacaron el asbesto”.

“El tema central son los túneles -explicó Rossi-. En la subestación de la 9 de Julio, donde se entrecruzan varias líneas, sigue habiendo bandejas que sostienen los cables en los túneles y tienen asbesto. Algunas de esas bandejas están más flojas o rotas y el asbesto sale. Se trata de fibras microscópicas que no se sienten, no se huelen. Flotan en el aire. El propio movimiento del tren las moviliza y llegan a las estaciones”.

Un rastreo casi imposible

Según los datos de la Dirección de Estadística y Censos de la CABA, en septiembre pasado -último indicador- en la red de subtes viajaron 9.9 millones de personas. En rigor, el dato indica la cantidad de pasajes que se vendieron utilizando la SUBE. Esto representa alrededor del 50% de los niveles previos a la pandemia, cuando la cifra oscilaba entre 17 y 20 millones mensuales. Y es varias veces superior a los 2 millones de septiembre de 2020, en plenas restricciones por el Covid.

Un pasajero promedio hace entre dos y cuatro viajes al día, sumando entre 25 y 40 minutos dentro del subte. Con ese tipo de rutina, ¿cuáles serían los riesgos con el asbesto?      

“Las patologías asociadas con este material no tienen un vínculo directo con los niveles de exposición -explicó Rossi-. Obviamente que una persona que se expone todo el día, estadísticamente, corre más riesgo que otras, pero no hay una relación directa. Todo depende, como en otras enfermedades, de la capacidad inmunológica. Puede haber patologías menos graves, como placas pleurales, hasta la posibilidad de que se transformen en cáncer de pleura”.

“En la subestación de la 9 de Julio, donde se entrecruzan varias líneas, sigue habiendo bandejas que sostienen los cables y que tienen asbesto.”

Ariel Rossi, docente de la cátedra de Medicina Legal. Facultad de Medicina (UBA).

Según el médico, las enfermedades asociadas al contacto con este material tienen “una larga evolución. Después del primer contacto pasan muchos años hasta que aparecen las consecuencias. El punto es que una vez que se descubre ya es tarde”.

“Es muy complejo medir el impacto concreto en los usuarios-agregó Rossi-. Es difícil encontrar enfermos por fuera de los trabajadores porque habría que hacer un interrogatorio muy preciso y también puede haber otros motivos”. “Si mañana aparece alguien con cáncer de pleura-destacó el médico-, quién se lo puede adjudicar de modo directo que se trata de un usuario del subte. Además no es solamente en el subte donde hay asbesto”.

El médico explicó que hay distintos tipos de este material. “El de fibras que son más pequeñas y punteagudas, en principio, es el que produce más lesiones. Pero cada organismo tiene una capacidad diferente de responder. No es que todos los que tengan contacto tendrán un problema. De hecho hay trabajadores en los talleres que tienen patologías y otros que viviendo la misma cotidianeidad no tienen nada”.“En los chicos las patologías relacionadas con el contacto con el material son muy raras.”

Rossi fue muy específico respecto de la solución. “Hay que desasbestizar todo el subte. Es un proceso largo y complejo. Pero los trabajadores llevan más de tres años peleando y recién ahora se logró, por ejemplo, que pongan ventilación en el talle Rancagua (en Chacarita). Estamos hablando de una obra que para el Gobierno de la Ciudad son dos mangos con cincuenta”.

Respecto al impacto en los niños, el especialista sostuvo que es muy leve. “En los chicos las patologías relacionadas con el contacto con el material son muy raras.  Aunque la comparación no es la más correcta, podría decirse que es comparable a lo que ocurre con el contagio de Covid, que los chicos hacen en general cuadros muy leves”.

Este medio se comunicó con la empresa Metrovías para consultar sobre este tema. Las preguntas fueron recibidas pero al cierre de esta nota no había respuesta.