La precarización laboral es más fuerte entre los jóvenes, las mujeres, y en el sur porteño

Por Demián Verduga. Redacción Z.

El impacto demoledor de la pandemia en la situación laboral de los porteños parece estar cediendo. El último indicador publicado por la Dirección de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad arrojó un desempleo del 9,3 por ciento. En el tercer trimestre del 2020, cuando más se sintieron los efectos de la pandemia en el mercado laboral, la misma medición estaba en 15,3 por ciento.

El dato publicado esta semana por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta tiene un número similar al primer trimestre del 2018. Según los especialistas que hablaron con este medio, la cifra está “dentro de los rangos de normalidad de los últimos 10 años”.

El otro número es el de trabajo informal. Aunque la Ciudad está por debajo del promedio nacional, el 25,9 por ciento de los porteños que trabajan no tiene descuento jubilatorio, que es la forma en la que se mide su condición laboral. Dentro de ese universo hay una porción que son patrones o empleadores  y otra mucho más pequeña de “trabajador familiar”.

Sacando estos dos grupos, el empleo informal alcanza al 22% de los trabajadores porteños. Es decir: uno de cada tres está desocupado o está en la informalidad laboral. El diagnóstico de quiénes son la mayoría en estas condiciones arroja algunos rasgos comunes: jóvenes, mujeres, y de los barrios del Sur.    

El círculo vicioso

Hay una cifra novedosa en el informe. El nivel de desempleo de los varones (9,1) y de las mujeres (9,5) es mucho más parejo que en otros informes. Esto, que podría ser considerada una buena noticia, no lo es tanto.

“Con la pandemia la actividad de las mujeres bajó más que la de los hombres. El impacto fue más fuerte, pero uno de los efectos fue que muchas mujeres dejaron de buscar empleo. Porque desocupado se considera no a quien no tiene trabajo sino al que busca y no encuentra”, le dice a Diario Z Rafael Rofman, economista y director del programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

“Se achicó esa brecha, pero no la de la tasa de empleo. Eso muestra que muchas mujeres dejaron de buscar trabajo”, remarca Rofman.

Los números del informe lo confirman. La tasa de empleo, es decir, el porcentaje de gente que tiene trabajo tomando toda la población, es de 52,6 por ciento en los varones y del 44,5 en las mujeres.

Los desocupados, dice Rofman, son “personas con menor nivel educativo y jóvenes. Es gente que tiene una situación vulnerable y el desempleo profundiza esa realidad. Los jóvenes tienen menos contactos en el universo laboral y menos habilidades aprendidas. Eso les dificulta el ingreso”.

“Alguien de 35 o 40 años ya tiene algún oficio -agrega Rofman-. Esto a veces genera un círculo vicioso de informalidad y marginalidad difícil de romper. Porque hasta que no se ingresa al mercado laboral es imposible tener experiencia”.         

Los informales, el Norte y el Sur  

El 22 por ciento de las personas que tienen trabajo informa son jóvenes y personas sin oficio: “Mucha gente que trabaja en el sector de servicios de modo informal, desde repartidores de comida de algún lugar gastronómico hasta lavacopas. Y por supuesto gran parte del servicio doméstico, que son mujeres jóvenes”, explica Rofman.

El economista destaca que “es más difícil, aunque ocurre, encontrar muchos trabajadores informales en una oficina”. Y señaló que no es tan habitual, en el caso de la Ciudad, que aparezca en las estadísticas mucho empleo informal en la industria o la construcción.

“El porcentaje de gente que vive en la Ciudad y trabaja esas ramas  es bajo. Una parte importante de los que hacen esas tareas vienen del conurbano”.

Como en casi todos los aspectos que se analicen, la situación del sur de la Ciudad es peor que la del Norte. Según el informe oficial, el desempleo en el Sur es 10,4. Es el doble que en el Norte, donde llega a 5,9. Con la informalidad ocurre lo mismo, en el Norte es del 18% mientras en el Sur es del 35.   

“En el Sur hay más informalidad, más desocupación, y mucha menos actividad  económica en general. Todo es más complicado -dice Rofman-. Un poco puede influir el perfil productivo de la zona, pero lo más importante no es eso porque hay mucha movilidad laboral en Buenos Aires. La gente no trabaja en su barrio. Lo que ocurre concretamente es que vivir en el Norte es más caro”. “El joven que trabaja de manera informal en un bar de Palermo vive en Barracas o en Villa Soldati”.

La Ciudad tiene aproximadamente un 15% de la población, casi medio millón de personas, que son migrantes. Sobre la situación de este sector en el mercado de trabajo, el especialista del Cippec destaca: “Ahí pasa algo particular.  En general los migrantes, no solo en la Ciudad sino en general, suelen tener una tasa de empleo más alta que el resto y trabajan mucho”.

“La diferencia entre el Norte y el Sur es abismal. Larreta no tiene una política focalizada para mejorar el empleo en las zonas más postergadas”.

Santiago Roberto, legislador porteño del FdT, presidente de la Comisión de Legislación del Trabajo.

“Uno de los motivos -explica- es que quienes tienen ya varias generaciones viviendo en el mismo lugar, toda la familia, pueden quizás no trabajar y sobrevivir. Se dan los casos de que algunos trabajan y otros no en un grupo familiar amplio. En el caso de los migrantes, el que viene, en general, es porque consiguió algún trabajo y la familia llega después. Además tienden a trabajar mucho porque reman en un contexto más difícil.”

¿Qué hacer?

Santiago Roberto, legislador del Frente de Todos, preside la Comisión de Legislación del Trabajo del parlamento local. A la hora de explicar qué políticas se podrían impulsar para mejorar la situación laboral de este segmento de la sociedad, Roberto dice que una de las propuestas que hicieron, por ejemplo en el distrito del vino, fue que se pririzara la contratación de los jóvenes de esas mismas comunas. Y generalizar esa medida en todos los distritos económicos.

“Lo cierto es que Horacio Rodríguez Larreta no tiene una política de empleo” opina el legislador y agrega: “En medio de la pandemia, el año pasado, propusimos que el Estado local subsidiara los aportes patronales a las pymes y pequeños comercios barriales y la idea no prosperó”.

“La discusión es la misma de siempre. Cuál es la intervención que debe tener el Estado para promover estas políticas. La diferencia entre el Norte y el Sur es abismal. No hay políticas focalizadas en la zona sur para generar puestos de trabajo. La Ciudad está focalizada solo en la construcción inmobiliaria y el turismo, que son importantes, pero queda claro que no alcanza”.