En Buenos Aires llueve 25% más que hace 50 años: qué aconseja Andrea Gentile, especialista en cambio climático

Demián Verduga. Redacción Z

Tormentas que parecen del Caribe. Grandes cantidades de agua que caen del cielo en un lapso muy breve. Es el principal impacto del cambio climático en la Cuenca de Plata, donde está situada la Ciudad de Buenos Aires. Las proyecciones fueron  elaboradas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, según sus siglas en inglés), el organismo de Naciones Unidas creado en 1988 para abordar la problemática.

Los datos concretos indican que en los últimos 50 años, desde 1970 hasta ahora, en la Ciudad el promedio anual de precipitaciones se incrementó un 25 por ciento. Y la tendencia sigue siendo alcista. Para el 2050, el IPCC calcula que el aumento habrá sido de un 30% respecto de la década del 70 del siglo pasado.  

La geógrafa Andrea Gentile relacionó las inundaciones con las súpertormentas del cambio climáticos.

Un ejemplo de este tipo de eventos ocurrió el domingo 28 de noviembre en la Ciudad. Volvieron a inundarse las calles: la avenida General Paz a la altura de Villa Luro y Villa Urquiza, distintas zonas de La Boca y Barracas, los barrios populares, entre otras. Y el Subte B tuvo que dejar de funcionar.

Muchos se preguntan si desde una ciudad se puede hacer algo para frenar, o atenuar, las consecuencias de un fenómeno global como el cambio climático. Y también qué medidas habría que tomar para atenuar los daños que se pronostican para los próximos años.      

El riesgo de las excusas

“Es bueno que cada vez haya más conciencia sobre el cambio climático que se está produciendo. El riesgo que se corre a nivel del gobierno es que sirva para justificar la falta de planificación, que se le eche la culpa al fenómeno global y se esquiven las responsabilidades”, le dijo Elvira Gentile a Diario Z.

Gentile es profesora de Climatología en la Carrera de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Hoy podemos afirmar que está casi comprobado que los eventos extremos, como las súper tormentas, están vinculados al cambio climático -señaló-. Se espera que sean más frecuentes estas lluvias y, al mismo tiempo, que haya sequías extremas.  Cada vez son más frecuentes estos episodios en nuestro país.”  

Está casi comprobado que los eventos extremos, como las supertormentas, están vincuadas al cambio climático. Y al mismo tiempo que haya momentos de sequías extremas.

Elvira Gentile, geógrafa.

El crecimiento de las precipitaciones en la zona metropolitana de Buenos Aires (Capital y conurbano) queda bien descripto al repasar los promedios anuales de lluvia de las últimas décadas. En 1970 el promedio era 1.000 mililitros de precipitaciones al año, en 1990 había subido a 1.140 y para el 2010 se ubicaba en 1.254 mililitros anuales. “Hoy estamos más o menos igual, pero con una tendencia a la suba. En los pronósticos más pesimistas se evalúa que puede llegar a 1.300 mililitros anuales en el 2050”, subrayó Gentile.

Sobre las inundaciones en la Ciudad, la climatóloga señaló que “se explican por la cantidad de agua que cae, pero también porque ocurre en poco tiempo. Este es el fenómeno extremo que se viene incrementando. Llueve mucho en pocas horas y no hay sistema de desagüe que resista”.

Gentile explicó por qué se producen estas súper tormentas en la Cuenca del Plata. “Los anticiclones de los océanos están más desplazados hacia el Sur. Hay más energía en la atmósfera. Cuando digo energía me refiero a que hay más vapor. La temperatura promedio subió cerca de 1,1 grados desde 1850 hasta ahora. Esto provoca que se evapore mayor cantidad de agua y hay más energía en la atmósfera para que se generen tormentas intensas. La suba de la temperatura colabora”.

La influencia humana

Las causas del cambio climático son parte de un debate en el mundo científico y político. No es la primera vez que el clima del planeta se modifica.

“Toda la historia planetaria está plagada de cambios climáticos -explicó Gentile-. Hubo, por ejemplo, una pequeña Era del Hielo, en Europa, en el 1700. La temperatura bajó un poco más de 1 grado en promedio. El proceso duró unos 80 años. Generó grandes hambrunas. Hay hipótesis que sostienen que esto le dio la estocada final a la sociedad feudal”.

Respecto del debate sobre el cambio actual, la especialista remarcó: “Lo que sabemos es que desde el inicio de la Era Industrial (1850) hasta ahora se incrementaron la cantidad de gases que provocan efecto invernadero en la atmósfera. Y al mismo tiempo la temperatura aumentó 1,1 grados promedio. Entonces hay muchos elementos para relacionar los dos fenómenos. Y el aumento de los gases es por la acción del hombre”.

«Se espera que sean más frecuentes las lluvias extremas en la Cuenca del Plata. Para atenuar sus efectos hace falta la mayor cantidad de espacios verdes, reducir las torres y edificios y promover la movilidad sustentable.»

Elvira Gentile.

“El clima es cambiante -agregó Gentile-. Son procesos muy complejos. Así como oscila hacia extremos más húmedos puede ir hacia extremos secos. Las proyecciones, como conté, sostienen que las precipitaciones van a ser mayores en la Cuenca del Plata. Pero eso no quita que en la variabilidad del clima haya también momentos de sequía”.

Como ejemplo de este fenómeno, la profesora de la UBA recordó la bajante del Río Paraná que produjo en julio de este año. El fenómeno dejó zonas en las que el lecho estaba totalmente seco y se podía cruzar caminando. “Todavía al día de hoy la ciencia no está en condiciones de asegurar que esa bajante fue consecuencia del cambio climático actual. Por eso hay mucho debate. El clima siempre está cambiando”.

¿Qué se puede hacer?

Lo que parece inexorable para los próximos años es que la temperatura subirá, incluso si los países del mundo que emiten más gases de efecto invernadero cumplen los tratados. ¿Qué puede hacerse desde Buenos Aires, para mitigar el proceso de cambio climático y prepararse para sus consecuencias?   

“Todo lo que sea adaptarse a la variabilidad del clima sirve -dijo Gentile-. En Buenos Aires hace falta tener la mayor cantidad posible de áreas verdes para que la tierra pueda absorber las lluvias. Hay que tratar de no llenar todo de torres y edificios que a su vez saturan los desagües. Promover la movilidad sustentable, con la emisión lo menos posible de CO2. Estas acciones deberían hacerse en conjunto, no una sola”.

La profesora de la UBA remarcó que “las ciudades son una isla de calor por la cantidad de cemento. La temperatura en la Ciudad siempre es mayor que en las  áreas suburbanas. Entonces, al planificar, hay que calcular que la temperatura seguirá subiendo y las mínimas estarán más cerca de las máximas. Todo eso necesita planificación y el riesgo es que el cambio climático se use como excusa para no hacerlo”.