Un paciente del Hospital Borda fue muerto a golpes en su cama: alertan sobre la dramática falta de personal

Por Franco Spinetta. Diario Z

En la madrugada del 1 de diciembre, un hombre murió en el Hospital Interdisciplinario José Tiburcio Borda producto de una golpiza que le dio otro paciente internado. El hecho ocurrió en un pabellón que, en ese horario, no tiene ni médicos ni enfermeros asignados de manera específica. Y según pudo averiguar Diario Z, la persona que se encontró con la situación tuvo que bajar dos pisos por la escalera y correr por un largo pasillo hasta llegar a la garita de seguridad: el hospital carece de teléfonos internos.

La precarización laboral, la falta de personal y de elementos adecuados para atender a personas de extrema vulnerabilidad, incluso la ausencia de profesionales en áreas críticas, convierten al viejo neuropsiquiátrico de hombres de Barracas en una bomba de tiempo, siempre al límite del colapso.

Desde el Órgano de Revisión Nacional de Salud Mental (ONR) se le pidió a la Justicia que investigue la responsabilidad del Gobierno de la Ciudad en la muerte del paciente y que “se revean las condiciones de atención nocturna para prevenir y atender cualquier situación emergente”.

“Al momento de pedir ayuda no había ningún enfermero. La enfermera de la noche cubre dos servicios con un solo turno. Y el hospital carece de teléfonos internos.”

Según pudieron relatar testigos, al momento de pedir ayuda no habrían encontrado ningún enfermero en el servicio. Trabajadores del hospital cuentan a Diario Z que en el pabellón donde sucedió el hecho, la profesional responsable es una médica sin cargo y sin especialización en psiquiatría.

La enfermera que se queda a la noche cubre dos servicios con un solo turno”, revelan, a modo de muestra del estado de precariedad laboral que viven día a día. “Y no es que las áreas estén una al lado de la otra o tienen vista panorámica. La enfermera revisa que todo esté bien, que tomen la medicación y después se hacen rondas. Lo que sucede es que todo es impredecible con pacientes con enfermedades mentales”, añaden. 

El hombre que murió (K.K.M.S.) tenía 41 años y una discapacidad física: era una persona sorda. “Esta muerte es un nuevo ejemplo de la institución manicomial como lugar de desidia y abandono estatal”, aseguran desde el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

No es la primera muerte violenta en el Borda. Al principio de la pandemia, a fines de mayo del 2020, otro paciente murió atacado por una jauría de perros que los vecinos abandonan en el extenso parque del hospital y que, con el tiempo, se vuelven salvajes.

“Somos noticias cuando pasan cosas malas, pero cuando suceden cosas buenas, cuando tenemos pacientes que se incorporan a talleres o que pueden ir a trabajar de un oficio que aprendieron en el hospital, cuando podemos dar las altas, no somos noticia. Cuando pasan estas desgracias, sí”, se lamenta Gabriela Sánchez, trabajadora del Hospital y delegada de ATE.

Precarización a 75 pesos la hora

En un escueto comunicado, el ORN advierte que el sistema sanitario “no reconoce horario diurno o nocturno para atender una situación sobre un colectivo vulnerable con garantías reforzadas por parte del Estado local”. El organismo nacional que supervisa el funcionamiento de los neuropsiquiátricos menciona de pasada el centro de la cuestión: las condiciones laborales en los hospitales de salud mental.

No entra personal nuevo al hospital desde hace 10 años. Tenemos una plantilla vieja, las personas que se jubilan o fallecen no son repuestas.

Al igual que en el resto del sistema sanitario, el hilo se corta por el eslabón más débil. Los turnos de enfermería son los que menos personal disponible tienen. La falta de trabajadores se suple con los famosos “módulos”, un sistema de horas extras que -en la práctica- funcionan como un magro plus salarial. Los módulos se pagan 450 pesos por seis horas (75 pesos por hora) y que en realidad se convierten en 12 horas al acoplarse, con las seis que corresponden a la jornada diaria. Si el turno es de noche, hay un plus de 42 pesos por hora. Una enfermera del Borda, con 10 años de antigüedad, está cobrando 50 mil pesos en mano, aproximadamente. “Los módulos se hacen para tener un extra porque los sueldos son pésimos”, apunta Sánchez.

Una enfermera del Borda, con 10 años de antigüedad, está cobrando 50 mil pesos en mano. Y los módulos se pagan 75 pesos la hora.

La delegada de ATE, que lleva 35 años trabajando en el Borda, describe un profundo deterioro de las condiciones laborales que es suplido por un compromiso inclaudicable de quienes trabajan en el hospital. “Nos pegan por todos los frentes, pero el Borda es siempre el último orejón del tarro. El paciente que murió por los golpes venía de un derrotero donde los privados lo habían dejado de atender, siempre estamos dando vueltas sobre el mismo círculo”, cuenta. “A veces pasan estas desgracias, pero suceden estas situaciones porque estamos a la deriva: que paguen un sueldo digno, que nos den los instrumentos necesarios para trabajar”, explica.

A los clásicos problemas edilicios (“hay sectores enteros que no tienen gas desde hace años”), se suma una política laboral que se traduce en una merma de trabajadores constante: “No entra personal nuevo al hospital desde hace 10 años”. “Tenemos una plantilla vieja, las personas que se jubilan o fallecen, no son repuestas”, añade.

El lento desguace de los Talleres Protegidos

Los famosos Talleres Protegidos del Borda, que fueron desalojados por la Policía Metropolitana en la histórica represión de abril de 2013, golpeando a pacientes y médicos, están también en riesgo: “En los talleres, se jubilarían este año al menos 15 personas, con lo cual se reducirá drásticamente su planta. Es un lugar clave del Borda: ahí los pacientes aprenden un oficio que puede ser la puerta de salida para reinsertarse en la sociedad”.

Este punto es clave. En los últimos años, el Borda fue reduciendo sus internaciones paulatinamente, en cumplimiento de la Ley Nacional de Salud Mental que promueve la desmanicomialización. Hoy en día, hay 350 pacientes internados. Hace 18 meses, eran 470.

“Los pacientes que siguen estando perdieron todo vínculo con el afuera o la enfermedad se convirtió en demasiado crónica”, explica Sánchez. “Nosotros defendemos las externaciones, no somos un manicomio, somos un hospital de salud mental que busca la reinserción social”, aclara. Y cierra: “Lo que se tiene que preguntar la sociedad es si quiere que se reinserten porque constantemente recibimos comentarios de pacientes externados a los que la gente los manda a detener con la policía porque les da miedo”.