Gabriel Brener: “Las pasantías solo sirven si son supervisadas por docentes y forman parte de un proceso de aprendizaje”

Por Demián Verduga. Diario Z

El gobierno porteño anunció la semana pasada la creación de pasantías laborales obligatorias para los estudiantes que estén cursando el último año de la escuela secundaria.  La medida despertó un fuerte debate. Hay varias preguntas que se traslucen en la polémica: ¿Es una forma de ayudar a la inserción laboral de los jóvenes? ¿Es mano de obra gratuita para las empresas? ¿A quién le sirven realmente?

“Yo celebro que se piense en la relación entre formación y trabajo. Es una mirada estratégica para la proyección de los más jóvenes y del desarrollo del conjunto”, dice a Diario Z el pedagogo Gabriel Brener. Y de inmediato aclara: “Lo que no hay que confundir es lo siguiente: una cosa son las pasantías como estrategia de aprendizaje, pedagógica, y otra es que sean utilizadas para cubrir los baches de una empresa”.

¿Cómo se puede explicar esa diferencia?

Las pasantías laborales no son algo nuevo. En la formación técnica tienen una vieja tradición. Son herramientas y estrategias de aprendizajes muy valiosas. El objetivo de la secundaria es la formación de una ciudadanía democrática. Necesita un camino para la inserción laboral y también para que se continúe la formación superior. La pasantía debería ser tratada como una experiencia escolar. Y tiene que contar con la participación de los docentes. Tiene que haber un maestro en el proceso, en la supervisión y la evaluación. Es una propuesta que se hace en el marco de la escuela obligatoria. Y todo esto es lo que no está claro.

¿Qué le sumaría al proceso de aprendizaje?

Para un chico, estar en el ambiente de la producción económica puede ser una estrategia para profundizar e integrar aprendizajes. Puede servirle para orientarse vocacionalmente. Pero todo esto solo ocurre si está acompañado por un docente de la escuela que lo ayude a integrar esos conocimientos. Lo que no termina de explicar el Gobierno de la Ciudad es cómo se van a supervisar estas pasantías. Por eso es lógico que muchos digan que se trata de precarización laboral. No se trata de facilitarle un provecho a las empresas. Se trata de abordarlas como un proceso escolar.

¿Por qué cree que lanzaron esta propuesta?

El Gobierno de la Ciudad suele ser buen intérprete de la voluntad de sus votantes. A veces pone en una encrucijada a los sectores que tenemos una visión de la educación como derecho social, una concepción más democrática de la escuela y de la relación formación-trabajo. La administración de Horacio Rodríguez Larreta lanza estas consignas que  seducen. La relación entre educación y trabajo es necesaria. Es una preocupación de las familias. Pero me parece que el anuncio queda más en el golpe de efecto, con una estrategia de marketing.

Habló recién de los puntos poco claros de la propuesta…

No está especificado quiénes lo van a hacer, cuándo ni cómo lo van a supervisar. Además, nadie suele ser muy distinto al modo en que opera en general. Es difícil pensar en una propuesta seria de pasantías con el mismo gobierno que precarizó el presupuesto educativo, que lo redujo. La gestión que precarizó el acceso a las vacantes en todos los niveles, que hizo una universidad (la UniCaba) para debilitar los profesorados docentes. ¿Por qué habría que pensar que la propuesta de pasantías no tendrá la misma tendencia?

No parece fácil que el gobierno porteño sume a los docentes en la elaboración de este plan…

Ninguna reforma del sistema educativo tiene éxito si no cuenta con la participación de los protagonistas de la educación que son los docentes. Y en este caso no fueron consultados ni participaron. Estamos hablando de una proyección de carácter obligado, que abarca a más de 30 mil estudiantes y más de 350 escuelas.

Detrás de esta propuesta, ¿no está la idea de que los jóvenes no consiguen trabajo porque no tienen experiencia?

Por supuesto que son consignas sensibles para la sociedad. El mundo del trabajo se ha transformado de manera vertiginosa en las últimas décadas. Se lanzan consignas muy sensibles para la sociedad. Pero no hay nada planificado de carácter formativo.   

¿Cómo está viendo el final de este año en términos pedagógicos, con la vuelta de la presencialidad en el último trimestre?

El balance nos tiene que poder permitir ver que hubo un fuerte golpe. Y también que la pandemia puso de manifiesto la desigualdad en el acceso a la escolaridad y los bienes culturales. Hubo un cambio en los modos de comunicarnos, en medio de mucho dolor. La distancia ayudó a preservar la salud, pero produjo una pérdida de los lugares, de los modos de construir ciudadanía y comunidad. La escuela tiene que cuidar que esta distancia no profundice el individualismo. Como balance diría que, a pesar del dolor, es fundamental recuperar a la escuela como un ámbito de construcción de lo común, de la solidaridad. Ojalá que esta vuelta a las clases presenciales nos permita arriesgar más con la calidad de los encuentros.

¿Qué sería fundamental para el año que viene?

Me parece que hay que dotar de muchos recursos al sistema. Es importante  el programa para que el millón de chicos que perdieron contacto con la escuela vuelva. Y también el anunció de la ampliación de las becas Progresar. Es momento de fortalecer el presupuesto en infraestructura, tecnología, formación docente.

Brener es licenciado en Ciencias de la Educación, especializado en gestión del sistema educativo. Ejerce la docencia en la Escuela Normal 4 y en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). También es coautor, entre otros libros, de  “La escuela inquieta. Explorando nuevas versiones de la enseñanza y del aprendizaje”.