En 60 años casi se duplicó la proporción de mayores de 65 años en la Ciudad

Por Demián Verduga. Diario Z

Ciudad de viejos corazones. En las últimas seis décadas, la proporción de adultos mayores en relación con el total de población casi se duplicó en la Ciudad de Buenos Aires. En 1960, las personas de más de 65 años representaban el 9,3% de los porteños. Y antes del pandemia, en 2019, último dato disponible, eran el 16,5 por ciento.

Los datos son parte de un informe elaborado por la Dirección General de Estadística y Censos del gobierno porteño (DGEyG). Se basa en datos de censos nacionales y en los realizados por el organismo local los últimos años.

Una secuencia histórica: a principios del siglo XX, en 1909, la proporción de adultos mayores respecto del resto de la población era solo del dos por ciento. La llegada de cientos de miles de inmigrantes había bajado drásticamente la edad promedio de la población. Casi 40 años después, en 1947, la franja de adultos mayores se había más que duplicado, alcanzando el 5,3%.

“El envejecimiento de una sociedad es producto de una combinación de dos fenómenos. La tasa de fecundidad, la caída de la mortalidad, y la prolongación de la esperanza de vida“, le dijo a Diario Z Rafael Rofman, investigador del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec). “De todos modos, lo que más pesa es la tasa de fecundidad. El proceso de prolongación de la esperanza de vida es más lento.”   

En 1914, en la Ciudad nacían en promedio 3,4 hijos por mujer. Hace más de 60 años que esa tasa se ubica alrededor de 2 y en la actualidad es 1,5 hijos por mujer, por debajo de la tasa de reproducción.

Datos recabados por la Dirección de Estadística y Censos del Gobierno de la Ciudad.

Un ejemplo sobre esta afirmación de Rofman. En 1914, según los datos recabados por la misma DGEyG, en la Ciudad nacían en promedio 3,4 hijos por mujer. Para 1970 ese promedio había caído a dos hijos por mujer. En la actualidad es de 1,5 hijos por mujer, por debajo de la tasa de reproducción.

“El tema de la prolongación de la vida pesa menos por una cuestión muy clara -agregó Rofman-. Cuando mejora la salud no lo hace solo para los adultos mayores. También impacta en los jóvenes y los recién nacidos. Tener una baja tasa de mortalidad infantil, como ocurre en la Ciudad, ayuda a rejuvenecer la población”

Una vejez solitaria

El envejecimiento de la población impacta en la economía, la vida familiar, el sistema de salud. “Un primer impacto es fiscal. Las personas mayores consumen jubilaciones y demandan más servicios de salud. Inevitablemente, a medida que la población envejece, estos dos frentes se vuelven complejos. Otra dimensión paralela que es la actividad económica de la sociedad. Si hay menos personas en edad productiva, un adulto tiene que generar para sí mismo, para los niños y los viejos. El aumento de la producción entonces se hace con más tecnología, más máquinas, y más productividad por cada trabajador”, explica Rofman.

“El 45 por ciento de los mayores de 65 vive solo. Pero el promedio es engañoso. Porque mientras 7 de cada 10 hombres de esa edad viven con su familia, en el caso de las mujeres apenas 4 de cada 10 comparte la vivienda con la familia.

Otro punto son los cuidados de las personas mayores. “Durante muchos años cada familia cuidaba a los viejos. Había un rol de las mujeres que asumían esa carga. Lo que pasa hoy en día es que hay más adultos mayores en relación a la cantidad de población y las mujeres están más volcadas al mercado de trabajo. No pueden ocuparse de sus padres y sus suegros. Esto generó la necesidad de buscar otros mecanismos, que son caros y tienen el problema de que muchas son como depósitos de viejos” agregó.

Los datos de la DGEyC indican que entre los mayores de 65 años son muchas más las mujeres que los hombres. Exactamente162 mujeres por cada 100 hombres. Un dato que ilustra sobre la “soledad” de la vejez es que el 54% de los mayores de 65 años reside en un hogar “familiar”, es decir, no vive solo. Pero el 45% vive solo, generalmente en una vivienda “no familiar”.

Claro que la soledad no afecta del mismo modo a los hombres que las mujeres. Casi 7 de cada 10 hombres –el 71,8%- vive con su familia. En el caso de las mujeres, comparte una vivienda familiar solo 4 de cada 10 (43 por ciento). Mirado al revés, el 28,2 por ciento de los varones mayores de 65 años vive solo y en el caso de las mujeres esa cifra alcanza el 56,1%.

“La gente mayor que vive sola se explica en gran medida por fenómeno inevitable de viudez. Y en el caso de las mujeres es mayor porque en su mayoría sobreviven a los hombres”, concluye Rofman.