Museo Sarmiento: las baldosas estarían hechas con lápidas de un viejo cementerio de Belgrano

Por Demián Verduga. Diario Z

Todo comenzó por un caño roto que a su vez aflojó una baldosa. Era una baldosa de mármol de las que forman el piso del perímetro que bordea al edificio del Museo Histórico Sarmiento. Están dentro del predio ubicado en el barrio de Belgrano, en el que también hay jardines que rodean al edificio.

Una tarea cotidiana tan simple como remover baldosas para arreglar un caño roto trajo consigo un hallazgo arqueológico que no tiene antecedentes en la Argentina. Al dar vuelta las baldosas de mármol cortadas de modo  octogonal, los trabajadores  del Museo vieron algo singular. En la cara que antes estaba adherida al piso había nombres, fechas, frases como “aquí reposa” o “fallecido”. No era una película basada en un libro de Stephen King. Las baldosas de mármol estaban hechas con pedazos de lápidas de tumbas del siglo XIX.

“Es la primera vez que tenemos un hallazgo así en la Argentina. Y yo no identifico más de dos o tres de este tipo en todo el mundo”, le dijo Daniel Schávelzon, a Diario Z.

Daniel Schávelzon, arqueólogo: “Cuando el actual barrio de Belgrano se incorpora a la Ciudad se traslada el cementerio”.

El arquitecto, arqueólogo, fundador del Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de la UBA y autor de decenas de libros, remarcó: “Es la primera vez que encontramos algo así. Es probable que muchos marmoleros hayan reutilizado lápidas, pero al menos antes de hacerlo las pulían. Entonces no se sabía si ese mármol venía de las lápidas. En este caso no las pulieron. Los cortaron y reusaron”.

Schavezón descartó que estos pedazos de mármol hayan terminado en el piso del Museo Sarmiento porque la lápida se hubiera quebrado antes de ser usada. Es decir, afirma que fueron lápidas que estaban en algún cementerio. “Está claro que al marmolero no se le rompió el material  mientras hacía las lápidas porque si no las hubiera pulido.  En esa época este trabajo ya se hacía de manera mecánica. No era manual.

“Hubo muchos cementerios que se desarmaron en Buenos Aires y todo se centralizó en la Chacarita”.

Daniel Schávelzon, fundador del Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de la UBA.

La mayoría de los hallazgos arqueológicos de Buenos Aires se han dado en el casco histórico de la Ciudad. De hecho, el propio Schávelzon ha realizado en esa área la mayoría de sus trabajos. Al ser consultado sobre por qué en este caso las baldosas aparecieron en el barrio de Belgrano, el arqueólogo arriesgo una hipótesis: “Desde 1860 hasta 1890 funcionó cerca de donde hoy está el Museo Sarmiento el cementerio de Belgrano. Estaba a pocas cuadras de ese lugar”. “Había, en realidad, dos cementerios. Uno más chico y otro que está en lo que hoy es la placita en las esquinas de Monroe y Miller”, agregó el arqueólogo, en referencia a la plaza Marcos Sastre, en la que hoy hay espacios de juegos y canteros.

“Ese era el cementerio de Belgrano cuando el actual barrio era un pueblo con su propio municipio-explicó el arqueólogo-. Luego, cuando el pueblo se integró a la Ciudad, empezaron las discusiones sobre cómo desarmarlo”.

El Museo Sarmiento está a pocas cuadras de la plaza Marcos Sastre, donde hubo un cementerio hasta fines del siglo XIX.

Schávelzon sostiene que “lo más probable” es que en ese proceso hayan quedado varias tumbas abandonadas. “El cementerio se desarmó de forma definitiva a fines del siglo XIX. Y no todos los fallecidos fueron trasladados a la Chacarita. Era algo que debía solicitar una persona para que se hiciera”.  

“Hubo muchos cementerios que se desarmaron en Buenos Aires y todo se centralizó en la Chacarita-remarcó el arqueólogo-. Así que mi hipótesis es que con lo que quedó, quizás el propio Juan Buschiazzo, que fue el arquitecto de ese cementerio y que a su vez era funcionario de la municipalidad de Belgrano, decidió reutilizar el mármol”.

El hallazgo de las lápidas tiene un componente insólito, otro macabro, y sin dudas genera impacto. Sin embargo, más allá de esto, cuál es su valor arqueológico. “Es difícil decir qué es importante y qué no. Para la arqueología el hallazgo en sí mismo no dice mucho. Ahora bien, si lo insólito es un valor importante entonces es diferente”, remarcó Schávelzon.

El autor de Buenos Aires negra, arqueología histórica de una ciudad silenciada, y de Historias del comer y el beber, arqueología de la vajilla de Buenos Aires deslizó una crítica al modo en que se manejó el lugar del hallazgo  “Para mí lo central hubiera sido hacer una investigación. Primero ver de qué era el piso anterior-dijo-. Esas baldosas se pusieron unos 30 años después de que se construyera el edificio. Evidentemente hubo cambios. Habría que haber hecho un trabajo arqueológico en el que estas lápidas son solo una parte”.  

Y al ser consultado sobre si ese trabajo no es posible hacerlo ahora, remarcó: “Taparon con cemento todo. Ahora es más complejo. Siempre se puede, pero cuando estaba hecho el agujero y se veían los restos de pisos no se hizo”.